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Las claves

Australia se ha convertido en uno de los destinos recurrentes para jóvenes españoles que buscan salarios más elevados mientras viajan por el país. Sin embargo, las cifras que circulan en redes sociales esconden una realidad bastante más irregular cuando el empleo depende directamente del campo y del tiempo.

Nerea, una española de 27 años que comparte su experiencia en Australia a través de @nereaexplora, lo comprobó después de pasar cinco semanas trabajando como temporera. Su balance económico terminó muy lejos de los grandes salarios que suelen asociarse en internet con algunos empleos australianos.

Durante ese periodo trabajó en una explotación agrícola y fue contando cuánto ingresaba cada semana. La primera recibió 923 dólares australianos, pero en la segunda la cantidad se desplomó hasta 224. Después llegaron nóminas de 898, 680 y 723 dólares, respectivamente.

Al terminar las cinco semanas había recibido 3.451,11 dólares australianos netos, una cantidad que ella calculó entonces en aproximadamente 2.078 euros. El problema no estaba únicamente en cuánto se pagaba cada hora, sino en conseguir suficientes horas para trabajar.

“Si te pones malo, no cobras. No tienes vacaciones, si hace mucho calor no cobras, si llueve tampoco”, explicaba Nerea al resumir las condiciones de aquella campaña. Algunos días, según mostraba, las temperaturas máximas llegaron a situarse entre los 41 y los 45 ºC.

La lluvia podía provocar el problema contrario. En el caso de la recogida de arándanos, Nerea explicaba que trabajar con la fruta mojada podía estropear el producto, ya que introducirla húmeda en los recipientes favorecía que terminase pudriéndose. Si no había trabajo, sus ingresos también desaparecían.

Su experiencia tiene una explicación importante: estaba contratada como trabajadora casual, una figura habitual en determinados empleos temporales australianos. No equivale exactamente a un trabajador fijo con jornada garantizada y sus condiciones son diferentes de las de quienes tienen contratos permanentes.

La normativa australiana establece que un empleado casual puede no tener un compromiso firme y anticipado de trabajo continuado. Eso significa que el número de turnos puede variar y que el empresario puede ofrecer trabajo de forma irregular, dependiendo también de cómo esté configurada la relación laboral concreta.

También permite entender la referencia de Nerea a ponerse enferma o no tener vacaciones pagadas. Fair Work Ombudsman, el organismo público australiano encargado de informar sobre los derechos laborales, señala que los trabajadores casuales no tienen derecho general a vacaciones anuales remuneradas ni a bajas ordinarias por enfermedad pagadas.

Trabajar cuando el termómetro supera los 40 grados

A cambio, la regulación contempla una compensación salarial. En el Horticulture Award, que establece las condiciones mínimas de buena parte del sector hortícola, los trabajadores casuales reciben un recargo del 25% sobre la tarifa horaria ordinaria precisamente para compensar varios derechos que sí disfrutan los empleados permanentes.

Esto no significa, sin embargo, que en Australia exista una regla general según la cual cualquier trabajador deje automáticamente de cobrar cuando llueve o hace demasiado calor. La frase de Nerea describe su situación como temporera y la ausencia de horas de trabajo durante determinados días, no una norma aplicable a todos los empleados.

De hecho, Fair Work advierte de que una empresa no puede suspender sin más el salario de un empleado simplemente porque haya poco trabajo como consecuencia del mal tiempo. Las condiciones dependen del contrato, del convenio o award aplicable y de las circunstancias concretas que hayan provocado la paralización.

El otro elemento de su relato, el calor, supone un riesgo laboral real. Safe Work Australia considera la exposición a altas temperaturas un peligro para quienes trabajan al aire libre y advierte de que el organismo puede llegar a ser incapaz de disipar suficientemente el calor acumulado.

Las autoridades australianas recomiendan actuar antes de que aparezcan esos problemas. Entre las medidas previstas está incluso cancelar el trabajo exterior cuando las temperaturas son demasiado elevadas, además de recurrir a sombra, reorganización de tareas, mecanización o sistemas de refrigeración cuando sea posible.

La literatura científica lleva años señalando el mismo problema. Una revisión sobre estrés térmico en los lugares de trabajo australianos publicada en 2016 advertía de que las condiciones climáticas del país podían provocar exposiciones relevantes al calor en distintos sectores y afectar tanto a la salud como al rendimiento laboral.

Para Nerea, el resultado de aquellas cinco semanas fue claro. “Económicamente no merece la pena, en mi opinión”, afirmaba después de sumar lo ganado. Aun así, reconocía que había otros motivos para aceptar el trabajo: lo compartía con amigos y le permitía acumular empleo válido para sus objetivos migratorios en Australia.

Su experiencia muestra así la otra cara de uno de los destinos laborales que más se idealizan en redes sociales. Australia puede ofrecer salarios elevados, pero en determinados trabajos agrícolas temporales cobrar más por hora no garantiza unos ingresos elevados al final del mes: si no hay turno, tampoco hay sueldo.