P. G. Santos
Publicada
Las claves

Toda su vida estuvo ligada a la construcción. Mariano García era oficial de primera cuando, el 3 de marzo de 2010, acudió a trabajar al Parque de Deporte y Salud de Boadilla del Monte, sin imaginar cómo iba a ser aquella jornada.

Los trabajos consistían en levantar un muro de unos 14 metros de ancho y 2,80 metros de alto. García se encontraba sobre un andamio de apenas un metro, mientras avanzaba una tarea dentro de la obra madrileña aquel día.

Entonces ocurrió el accidente. El muro se derrumbó de forma repentina y cayó directamente sobre el trabajador, atrapándole la pierna. El golpe provocó una lesión grave que obligó a trasladarlo para recibir asistencia médica y afrontar posteriormente una recuperación complicada.

La fractura afectó a la tibia izquierda, a la altura de la rodilla. Pero las consecuencias no terminaron ahí. Durante la evolución de la lesión apareció una trombosis venosa profunda, una complicación que agravó todavía más su estado físico.

Las secuelas no desaparecieron

También desarrolló un síndrome postflebítico y sufrió un retardo en la consolidación de la fractura. La evolución obligó a realizar una nueva intervención quirúrgica, prolongando las consecuencias de un accidente laboral que había comenzado con el desplome inesperado del muro.

Con el paso del tiempo, las secuelas no desaparecieron completamente. El trabajador quedó con dolor en la rodilla izquierda, especialmente ante esfuerzos y sobrecargas mecánicas. Además, el accidente dejó un perjuicio estético considerado ligero dentro de la valoración física.

El caso puso el foco sobre la prevención de riesgos laborales. Según la resolución judicial, el accidente estuvo relacionado con la actuación negligente de los responsables de prevención de la empresa que había subcontratado a la compañía del trabajador.

En el momento del siniestro, aquellos responsables no habían procurado las medidas necesarias para garantizar el cumplimiento de las obligaciones mínimas de cuidado exigidas por la legislación sobre prevención de riesgos laborales, según quedó establecido posteriormente en sede judicial.

La prevención adquiere una dimensión decisiva en un sector donde los trabajadores afrontan diariamente riesgos asociados a estructuras, herramientas, alturas y cargas.

La seguridad no depende únicamente de la experiencia profesional, sino también de que existan medidas suficientemente adecuadas. El accidente de García muestra además cómo una jornada aparentemente rutinaria puede convertirse en un episodio con consecuencias prolongadas.

Una fractura puede desencadenar complicaciones médicas, nuevas intervenciones y secuelas que condicionan posteriormente la vida cotidiana del trabajador afectado. Cuatro años después del accidente, el Juzgado de lo Social de Madrid dictó sentencia.

Fue el 11 de febrero de 2014, cuando la Justicia estableció una indemnización para compensar los daños y perjuicios derivados de aquel siniestro laboral. La sentencia condenó a la empresa y a sus entidades aseguradoras a indemnizar al trabajador con 31.942 euros.

La cantidad reconocía económicamente las consecuencias derivadas de aquel accidente y de las lesiones que habían marcado su recuperación posterior.

El caso de Mariano García terminó convirtiéndose en un recordatorio de que detrás de cada accidente laboral existe un trabajador cuya vida puede cambiar en segundos. En construcción, la prevención resulta esencial para evitar que un muro termine en tragedia.