Aunque existen mil y un estudios acerca del comportamiento de los gatos, lo cierto es que estas mascotas siguen siendo un misterio para los expertos en muchos sentidos. Un felino suele ignorar a quien intenta su atención con entusiasmo y suele elegir, en su lugar, acercarse a la persona a la que le es indiferente su presencia.
Lejos de tratarse de un acto de rebeldía o malicia, los expertos en etología y psicología confirman que este comportamiento responde a una estricta estrategia de supervivencia y a una mala traducción del lenguaje corporal humano.
Para el mundo de los gatos, la atención desmedida y el contacto visual directo no son muestras de afecto, sino señales de amenaza, dominancia o de una caza inminente. Cuando una persona entusiasta se inclina hacia el animal, lo mira fijamente y emite sonidos agudos, el gato activa sus alertas de peligro ante lo que percibe como un depredador potencial.
Por el contrario, sin embargo, alguien que permanece quieto, en silencio y mirando su teléfono representa un entorno predecible, seguro y libre de estrés, y por ello los gatos suelen optar por acercarse a este tipo de personas, porque transmiten esa tranquilidad que buscan en muchas ocasiones para dormir o relajarse en casa.
El misterio del afecto de los gatos
La clave de esta preferencia radica en la profunda necesidad de control y autonomía que tienen estos animales. Al no sentirse presionados ni perseguidos, los gatos encuentran en la persona indiferente la libertad absoluta para acercarse bajo sus propios términos, permitiéndoles olfatear y explorar el espacio sin riesgo de ser "retenidos" a la fuerza.
En el lenguaje de los gatos, la falta de interacción es interpretada como la máxima expresión de respeto, cortesía y paz. Pero eso no significa que no necesiten afecto o caricias, puesto que también requieren de ese contacto físico para recibir amor.
Estudios recientes de la Universidad de Sussex han demostrado que es posible revertir esta timidez natural utilizando la propia "psicología" del animal mediante la técnica del parpadeo lento.
Los investigadores han comprobado que entrecerrar los ojos de manera pausada emula la sonrisa de los gatos, lo que reduce el ritmo cardíaco del animal y funciona como una invitación pacífica para romper el hielo.
La ciencia, así, confirma que el camino más rápido para ganarse la confianza de un gato es precisamente aprender a guardar las distancias y respetar su espacio siempre, sin agobiar ni provocar estrés en el animal.
