Que haga calor en mayo o que septiembre deje temperaturas propias de julio ya no constituye únicamente una sucesión de episodios excepcionales. Los registros muestran que el periodo del año con características térmicas veraniegas se está haciendo cada vez más largo en España.
Eso no significa que hayan cambiado oficialmente las estaciones. Para la meteorología, el verano continúa comprendiendo junio, julio y agosto. Sin embargo, la Agencia Estatal de Meteorología lleva años constatando un alargamiento del periodo con temperaturas propias de esta estación, especialmente a costa de la primavera.
Los cálculos de AEMET son contundentes. Un análisis elaborado con registros desde 1971 concluyó que el verano térmico se había alargado alrededor de nueve días por década, hasta abarcar prácticamente cinco semanas más que a comienzos de los años ochenta.
La agencia utilizó para ese estudio una definición basada en temperaturas máximas sostenidas durante al menos siete días. De esta manera podía detectar cuándo comenzaban y terminaban realmente las condiciones térmicas características del verano, independientemente de la fecha que marcara el calendario.
Madrid permite comprobar perfectamente el cambio. Durante los años setenta, el periodo considerado estival mediante estos criterios comenzaba alrededor del 15 de julio y finalizaba el 16 de septiembre. En los registros más recientes analizados por AEMET arrancaba el 11 de junio y terminaba el 22 de septiembre.
Rubén del Campo, portavoz de AEMET, lo ha resumido de una forma mucho más gráfica: “El verano se está comiendo a la primavera”. El meteorólogo explicaba que esta extensión se aprecia principalmente en el comienzo de la estación cálida, que se ha adelantado notablemente durante las últimas décadas.
No es el único especialista que observa esta transformación. La meteoróloga Isabel Moreno señalaba en 2025 que septiembre presenta actualmente en numerosas zonas temperaturas similares a las que décadas atrás eran habituales a finales de agosto y describía un verano que resta días tanto a primavera como a otoño.
Un mes más de verano
Un análisis posterior publicado por el blog de AEMET en 2024 amplió la perspectiva utilizando series que en algunos puntos se remontan a la década de 1940. Sus resultados vuelven a mostrar un alargamiento evidente del periodo estival en prácticamente todo el territorio español.
En promedio, los veranos térmicos actuales resultan aproximadamente un mes más largos que en el pasado. En más de la mitad del país su duración ha aumentado por encima del 30%, mientras que determinados puntos del este y nordeste peninsular superan incluso el 50%.
El fenómeno tampoco avanza igual por ambos extremos del calendario. El verano está ganando terreno sobre todo hacia la primavera. AEMET utiliza incluso el término informal “primaverano” para describir esa extensión, que supera los 30 días en algunas áreas del centro y norte peninsular.
Hacia el otoño, el llamado “veroño”, la señal es algo menos uniforme. El análisis no encuentra una tendencia estadísticamente clara en todo el territorio, pero sí en las costas mediterráneas y cantábricas, donde las condiciones estivales se han prolongado aproximadamente entre dos y tres semanas.
Los datos más recientes continúan apuntando en la misma dirección. Otro análisis publicado en 2025 con información de 103 estaciones de AEMET entre 1979 y 2025 encontró una mayor concentración de días con temperaturas veraniegas durante las últimas décadas y un comienzo más temprano en numerosos observatorios.
En Campdevànol, Girona, por ejemplo, se contabilizan ahora 18 días estivales más que en el periodo anterior analizado. En Huesca son 12 días adicionales y en Madrid, 11. Además, en estas estaciones las temperaturas características del verano aparecen antes en el calendario.
El fenómeno observado en España encaja además con investigaciones realizadas a mayor escala. Un estudio publicado en Geophysical Research Letters calculó que, entre 1952 y 2011, la duración del verano aumentó de 78 a 95 días en las latitudes medias del hemisferio norte, mientras primavera, otoño e invierno tendieron a acortarse.
La explicación de fondo es el calentamiento del sistema climático. AEMET ya señalaba que las temperaturas medias de todas las estaciones han aumentado en España desde los años setenta, aunque la señal resulta especialmente pronunciada durante primavera y verano.
Esto no implica que desaparezcan de repente los días frescos en mayo o que todo septiembre vaya a comportarse como agosto. La variabilidad meteorológica continúa existiendo y habrá años con transiciones más tempranas o tardías. Lo que cambia es la tendencia cuando se observan varias décadas.
De hecho, AEMET insiste en que el alargamiento no es lineal: un verano concreto puede resultar más corto que el anterior. El patrón aparece al contemplar series largas, en las que las condiciones estivales ocupan progresivamente una porción mayor del calendario.
Y la tendencia tiene consecuencias que van mucho más allá de pasar más tiempo en manga corta. Una estación cálida más extensa altera las necesidades de agua, prolonga la exposición al calor, modifica los calendarios agrícolas y puede ampliar también los periodos con condiciones favorables para los incendios.
El calendario, por tanto, sigue marcando cuatro estaciones exactamente igual que antes. Lo que está cambiando es el clima que encontramos dentro de ellas: el verano térmico español empieza antes, termina más tarde en determinadas regiones y ocupa ya días que hace unas décadas tenían temperaturas propias de la primavera o del otoño.
