Sentirse escuchado y comprendido es una necesidad humana básica, pero no siempre se encuentra esa conexión en otras personas. Cuando el apoyo social se percibe como insuficiente, las mascotas pueden adquirir un peso emocional mayor y convertirse en una fuente especialmente importante de compañía.
La investigación psicológica ha encontrado precisamente asociaciones entre una menor percepción de apoyo humano y determinadas formas de apego intenso hacia los animales. El efecto no permite afirmar que cualquier persona incomprendida vaya a refugiarse en su mascota, pero sí muestra una tendencia relevante.
Un estudio publicado en 2025 analizó a 298 propietarios españoles de perros y gatos utilizando escalas validadas de soledad, bienestar psicológico, apoyo social percibido y apego a las mascotas. Los investigadores querían averiguar qué factores explicaban la intensidad de estos vínculos.
El resultado más interesante apareció entre los propietarios de perros. Quienes percibían menos apoyo por parte de otras personas puntuaban más alto en la dimensión denominada “sustitución de personas”, que mide hasta qué punto el animal ocupa funciones emocionales habitualmente asociadas a relaciones humanas.
Esta idea permite traducir con cautela el concepto de “sentirse incomprendido”. El estudio no preguntaba literalmente si alguien pensaba que nadie le entendía, pero sí medía si disponía de personas con las que hablar, compartir problemas o recibir ayuda emocional.
Una posible respuesta a una necesidad
Cuando esa red se percibe como insuficiente, el animal puede convertirse en alguien con quien estar sin necesidad de justificar emociones, mantener una conversación o temer determinadas respuestas. La relación ofrece compañía constante y una interacción generalmente predecible.
La psicología lleva años estudiando un mecanismo relacionado. Nicholas Epley, John Cacioppo y otros investigadores demostraron que las personas que experimentaban soledad tenían una mayor tendencia a atribuir características humanas a animales y otros agentes no humanos.
En aquellos experimentos, tanto la soledad crónica como la inducida temporalmente aumentaban la antropomorfización. Los autores interpretaron el fenómeno como una posible respuesta a una necesidad de conexión social que no estaba siendo suficientemente cubierta mediante relaciones con otras personas.
Esto no significa necesariamente imaginar que la mascota piensa exactamente como un humano. Puede manifestarse de formas mucho más cotidianas: interpretar que “sabe” cuándo su cuidador está triste, hablarle sobre problemas personales o considerar que ofrece un tipo de comprensión especialmente difícil de encontrar fuera de casa.
Los animales proporcionan además una relación con características muy particulares. No juzgan un fracaso profesional, una ruptura sentimental o una discusión familiar y, especialmente en perros y gatos sociables, pueden responder a la presencia de su cuidador buscando proximidad, contacto o interacción.
Ese intercambio puede convertirse en una fuente real de apoyo emocional. Un estudio con 159 mujeres mayores propietarias de mascotas encontró relaciones entre soledad, apoyo recibido del animal y estado emocional, y señaló que el apoyo proporcionado por la mascota tenía un papel significativo dentro de esa relación.
Sin embargo, sentirse más unido a un animal no siempre implica obtener mayores beneficios psicológicos. Una investigación publicada en 2025 encontró que la dimensión de sustitución interpersonal del apego estaba relacionada con peor bienestar cuando aparecía acompañada de mayores niveles de soledad.
La diferencia está entre complementar y sustituir. Una mascota puede ofrecer compañía, seguridad y afecto sin que eso represente ningún problema. La situación cambia cuando se convierte prácticamente en la única fuente de conexión emocional y las relaciones humanas desaparecen progresivamente.
También resulta imposible determinar qué ocurre primero. Una persona que se siente poco comprendida podría apoyarse más en su mascota, pero alguien profundamente vinculado a su animal también puede describirlo posteriormente como una fuente extraordinaria de comprensión. Los estudios correlacionales no permiten establecer una dirección única.
Tampoco todas las personas solitarias desarrollan vínculos intensos con animales, ni quienes adoran profundamente a sus mascotas mantienen necesariamente relaciones humanas deficientes. Familia, personalidad, experiencias anteriores, convivencia y características individuales del propio animal intervienen en la intensidad de cada relación.
