Durante décadas los gatos han arrastrado fama de animales fríos y distantes frente al entusiasmo evidente de los perros. Sin embargo, un estudio sugiere que esa supuesta indiferencia felina es un problema de traducción entre especies.
Un equipo de científicas de la Universidad de Sussex ha confirmado la existencia de un truco biológico sorprendentemente sencillo para comunicarse con los gatos y fortalecer el vínculo afectivo: entrecerrar los ojos y parpadear lentamente frente a la mascota.
Los expertos en comportamiento animal definen este gesto facial de relajación ocular como una auténtica sonrisa de gato, un comportamiento habitual cuando el animal se encuentra en un entorno seguro y percibe confianza total hacia quien lo rodea diariamente.
Al replicar ese movimiento con los músculos faciales, los humanos logran transmitir un mensaje directo de amistad y apertura, lo que reduce de forma notable los niveles de alerta y tensión del animal ante la presencia humana cercana diaria.
El mito de la mirada
La investigación fue publicada en la revista Scientific Reports y se dividió en dos experimentos distintos, diseñados para comprobar la efectividad del parpadeo lento tanto con dueños conocidos como con personas completamente desconocidas para el propio felino estudiado.
En el primer ensayo participaron 21 gatos pertenecientes a 14 hogares distintos; los dueños se sentaron a un metro de sus mascotas y parpadearon lentamente al sostener contacto visual directo con ellas durante la prueba controlada en casa propia.
Los registros estadísticos mostraron que los felinos devolvían el parpadeo con mucha más frecuencia cuando recibían el estímulo visual que durante los periodos de control, sin ningún gesto facial dirigido hacia ellos por parte de sus propios dueños habituales.
El segundo experimento sumó a 24 gatos distintos, esta vez frente a investigadores desconocidos que no solo replicaron el parpadeo pausado, sino que además extendieron la mano con la palma abierta hacia cada animal evaluado en el laboratorio británico.
El resultado fue concluyente: los gatos no solo correspondieron la señal ocular, sino que se mostraron mucho más dispuestos a romper su distancia de seguridad y acercarse voluntariamente a la mano del desconocido tras recibir el gesto ocular amistoso.
Karen McComb, psicóloga de la Universidad de Sussex y coautora del estudio, explica que las miradas fijas e ininterrumpidas se interpretan instintivamente como una señal de confrontación, dominancia o amenaza de caza inminente en la psicología evolutiva felina conocida.
La técnica consiste en fijar la mirada con los ojos entrecerrados, imitando una sonrisa relajada, y mantener los párpados cerrados durante un par de segundos antes de abrirlos despacio, para iniciar así la conversación gestual con el gato propio.
Los investigadores recuerdan además que la docilidad del animal depende directamente de la receptividad de su contraparte humana, por lo que si un gato se muestra hermético, podría tratarse de un problema propio y no del animal en cuestión.
Tasmin Humphrey, miembro del equipo, sostiene que esta lectura posee un valor práctico para evaluar el bienestar felino en refugios y clínicas veterinarias, lo que confirma que la domesticación no eliminó la sutileza salvaje de estos animales tan queridos.
