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Las claves

A primera vista, un melocotón deformado o una nectarina más pequeña de lo habitual suele parecer un simple problema estético, pero no siempre lo es. De hecho, para agricultores como Jesús Sainz, del Rincón de Soto y Alfaro, estos detalles implican algo bastante más grave.

Se trata de la huella que está dejando el calor extremo sobre los árboles, especialmente tras meses como el pasado julio cuyas temperaturas se situaron por encima de los 36ºC gran parte del mes, afectando a sus cultivos de pera, melocotón y nectarina.

Las consecuencias se están viendo en mayor medida ahora, en pleno agosto, como ha explicado el mismo agricultor a Radio Rioja-Cadena SER recientemente: "Me temo que este verano atípico será cada vez más típico.

Las frutas están saliendo muy irregulares, los troncos están quemados, muy dañados, a la pera le cuesta coger forma". La comparación de Sainz es sencilla: los árboles "sufren igual que las personas".

Consecuencias del calor extremo

Y, salvando la evidente distancia, la fisiología vegetal le otorga parte de razón. Si hace demasiado calor, una planta tiene que evitar perder agua, como los humanos.

Para ello puede cerrar parcialmente sus estomas, unos diminutos poros de las hojas que regulan el intercambio de gases; sin embargo, el inconveniente es que esa defensa también limita la entrada de dióxido de carbono y puede reducir la fotosíntesis, dejando una menor disponibilidad de recursos para crecer y alimentar sus frutos.

En árboles frutales en particular, el resultado acaba viéndose directamente en la cesta. En este sentido, un estudio experimental realizado con melocotoneros analizó cómo el aumento de temperatura altera su actividad fotosintética y las características de calidad del fruto.

El calor extremo puede llegar a modificar tanto la fenología como la forma del melocotonero, afectando al desarrollo de sus flores y, en consecuencia, sus frutos. A todo ello cabe asociar la radiación solar.

La combinación de una superficie vegetal muy caliente y una exposición intensa al Sol puede provocar quemaduras en los tejidos, un fenómeno comparable al "golpe de calor" de los frutos.

Las altas temperaturas, además, también pueden interferir en el crecimiento, firmeza, coloración o maduración de los frutos.

Asimismo, no todas las variedades reaccionan igual ni una jornada calurosa puntual arruina por sí sola toda una cosecha: importa la duración del episodio, el agua disponible, el momento de desarrollo del fruto y las características de cada explotación.

Lo que preocupa especialmente a agricultores como Sainz es que estos episodios dejen de ser excepcionales. De hecho, AEMET ya ha documentado el alargamiento de los veranos y la acumulación de años muy cálidos en España.

Y el IPCC identifica el Mediterráneo como una región especialmente vulnerable al calentamiento, donde el aumento de temperaturas coincide con mayores riesgos asociados a la sequía y la escasez de agua.

Esto no significa que todos los veranos futuros vayan a ser idénticos al del presente año 2026. El tiempo varía de año en año, y seguirá haciéndolo en el futuro.

Lo que sí está claro es que el punto de partida importa: si un clima es cálido de base, los episodios extremos se producen con mayor facilidad sobre temperaturas medias ya de por sí elevadas.

En las fincas riojanas, la adaptación ya forma parte del trabajo cotidiano. Regar o refrescar el terreno en las horas menos calurosas, gestionar mejor el agua o usar mallas que reduzcan parcialmente la radiación son algunas herramientas de uso común.

Actualmente la investigación agronómica estudia también sistemas de sombreado, nuevas estrategias de riego y el cultivo de variantes más tolerantes al calor.

Por tanto, la fruta irregular o "deformada" que hoy encuentran agricultores como Sainz en sus árboles es algo más que una anomalía estética de la cosecha.

Es una señal más de un desafío aún mayor que cada año se hace más evidente: el calor extremo afecta a todos los puntos de nuestra vida, y adaptar la agricultura a este cambio climático será crucial en el medio y largo plazo.