Reformar un baño suele asociarse con estrenar azulejos, sanitarios y tuberías. Sin embargo, cuando aparecen malos olores después de terminar la obra, el problema puede estar lejos del sifón. El fontanero Joan Pascual apunta directamente a otra cuestión.
Pascual, conocido en redes sociales como @elfontajoan por sus vídeos sobre instalaciones y reformas, advierte en uno de ellos sobre esta situación frecuente: "Si haces una reforma y tu baño huele, muchas veces el problema no es del reformista", sino de una ventilación.
El profesional insiste en que no habla de abrir una ventana ni de mejorar la circulación del aire dentro del baño. La ventilación a la que se refiere pertenece al sistema de saneamiento y resulta necesaria para evitar olores.
"Todas las instalaciones de saneamiento necesitan una ventilación", explica Pascual. Según detalla, existen diferentes soluciones, entre ellas la ventilación primaria, que conecta la bajante con la cubierta y permite que las tuberías respiren correctamente durante cada evacuación del agua.
Cuáles son las soluciones
También está la ventilación secundaria, diseñada para proteger los ramales y los sifones, además de una ventilación terciaria. La elección depende de las características del inmueble, de su instalación y de la altura del edificio y su configuración concreta.
En una vivienda situada en planta baja, como la utilizada por Pascual para explicar su ejemplo, una de las soluciones habituales consiste en llevar una ventilación primaria hasta la cubierta, rematada con un sombrerete que permite liberar presiones correctamente.
El motivo tiene que ver con algo como la presión interna. Cuando se descarga una cisterna o se vacía una bañera rápidamente, el agua genera movimientos dentro de las tuberías que pueden provocar depresiones y terminar vaciando los sifones.
Si el sifón pierde esa barrera de agua, deja de cumplir una función esencial: impedir que los gases y olores procedentes de la red de saneamiento entren en la vivienda. Por eso cambiarlo repetidamente puede no solucionar este problema.
Para edificios antiguos o reformas donde resulta complicado instalar determinadas conducciones, Pascual señala otra solución alternativa: las válvulas de admisión de aire. Pone como ejemplo las Studor de Jimten, capaces de ventilar exactamente el punto concreto donde sean necesarias.
Estas válvulas funcionan de forma automática. Cuando detectan una depresión, se abren para permitir la entrada de aire y equilibrar la presión del sistema; después vuelven a cerrarse, evitando que los olores del saneamiento puedan regresar al baño reformado.
El Código Técnico de la Edificación establece que los sistemas de evacuación de aguas residuales deben disponer de ventilación para impedir el vaciado de los cierres hidráulicos por depresiones o sobrepresiones. No se trata nunca de un detalle menor.
Por eso, antes de culpar a una reforma o sustituir sifones, Pascual recomienda revisar el diseño de la instalación. Existen soluciones como la minivent, colocada en el baño, o la maxivent, instalada sobre la bajante sin perforar la cubierta.
