El eclipse solar total del 12 de agosto no solo transformó durante unos instantes el paisaje español. Para Marcos Pérez Maldonado, director de los Museos Científicos Coruñeses, también recuperó una sensación ancestral.
El científico observó el fenómeno desde el paseo marítimo de A Coruña, en la Domus, acompañado por trabajadores de los museos, familiares y compañeros que compartieron la experiencia de contemplar juntos un acontecimiento excepcional.
Las nubes impidieron apreciar la corona solar y también dificultaron la aparición de estrellas y algunos planetas. Sin embargo, las condiciones no evitaron que Pérez calificara la experiencia como formidable, emocionante y sobrecogedora.
Una de las sorpresas para el científico fue comprobar la rapidez con la que cambió la iluminación durante los últimos minutos de la fase parcial, justo antes de alcanzarse la totalidad del eclipse.
En apenas unos minutos, la luz sufrió una caída dramática y también cambiaron los colores del aire. Pérez esperaba incluso notar un descenso considerable de temperatura, aunque permaneció en manga corta durante todo el fenómeno.
Llegó la oscuridad
Cuando llegó la totalidad, la impresión fue todavía más intensa. El científico describió el momento como si alguien hubiera engullido el Sol y aseguró que entonces comprendió los antiguos mitos sobre estos acontecimientos.
Según explicó, las culturas antiguas llegaron a interpretar los eclipses como la muerte del Sol, su robo o incluso el ataque de algún monstruo o fiera. Al observarlo, él también experimentó parte de ese miedo.
Pérez había grabado en audio los minutos anteriores a la totalidad y encontró después una sucesión de exclamaciones, silbidos, gritos y aplausos. El registro, reconoció, necesitará escucharlo tranquilamente para convertir aquella experiencia en recuerdo.
Para el director de los Museos Científicos Coruñeses, el eclipse también deja una reflexión sobre la relación actual con la naturaleza. La vida urbana y las pantallas favorecen, a su juicio, una desconexión gradual.
El eclipse puede servir precisamente para recuperar esa conexión, no solo con los espacios naturales, sino también con fenómenos que forman parte del entorno y que habitualmente pasan inadvertidos por nuestra mirada cotidiana.
Pérez recordó que existen otros espectáculos naturales capaces de provocar admiración, desde las perseidas hasta las auroras boreales, las grandes nubes de tormenta o los atardeceres, aunque la vida urbana pueda alejarnos de ellos.
Con el recuerdo del eclipse todavía reciente, el científico planeaba aprovechar las siguientes noches para buscar un lugar alejado de la ciudad y contemplar las perseidas con mayor calma, disfrutando de otros fenómenos igualmente maravillosos.
