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Las claves

A Emanuele nunca se le dio demasiado bien estarse quieto: "Era súper mega hiperactivo" recuerda al hablar de su infancia en su país de origen, Italia.

El colegio se le hacía cuesta arriba, según explica en un vídeo publicado en su perfil de TikTok, recordando que pasaba largas horas sentado, haciendo deberes por la tarde y asociando una significativa facilidad para distraerse: "Lo pasé súper mal. Yo necesitaba hacer cosas con las manos".

Conviene recordar, eso sí, que aunque Emanuele se describe como "hiperactivo", esto no implica necesariamente haber sufrido un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Sin embargo, la experiencia que describe sí conecta con la evidencia científica disponible: la capacidad para mantener la atención se relaciona de forma directa con el rendimiento académico.

Cómo mantener la atención

Como ya sugirió un metaanálisis publicado este mismo año 2026, tras analizar 106 estudios, existiría una relación significativa entre los síntomas de falta de atención e hiperactividad y unos peores resultados académicos.

De hecho, la relación era especialmente marcada con la inatención; en otras palabras, sufrir dificultades para concentrarse de forma sostenida puede convertir una clase tradicional en un entorno especialmente exigente.

Por suerte, Emanuele encontró muy pronto otro tipo de aprendizaje. Como describe él mismo, con apenas ocho o nueve años, empezó a frecuentar una pizzería situada frente a su casa.

No le pagaban, simplemente quería estar allí, mirar y hacer cosas. Sin embargo, su aventura terminó cuando intervinieron los servicios sociales: "Era un espíritu libre ya de niño".

Más tarde, a los 14 años, tomó una decisión más radical: dejó de estudiar para trabajar y aprender un oficio. Según comenta, en el sur de Italia aquello no estaba necesariamente mal visto: "Si no quieres estudiar, te vas a trabajar, a aprender un oficio. Pero no era una cosa fea", explica.

De hecho, esta frase fue y sigue siendo muy habitual también en países como España. Esta preferencia por aprender haciendo tampoco resulta extraña desde el punto de vista educativo, como también corrobora la evidencia científica.

Uno de los estudios más citados sobre aprendizaje activo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, analizó 225 trabajos con estudiantes de ciencias, ingeniería y matemáticas.

Y, según sus resultados, los alumnos que participaban activamente en el aprendizaje eran los que obtenían mejores resultados en comparación con los que recibían fundamentalmente clases magistrales. De hecho, este último grupo era el que mayor riesgo tenía de suspender.

Si bien es cierto que esto no significa que trabajar con las manos sea siempre superior a estudiar sentado, sí nos indica que el aprendizaje implica mucho más que escuchar y memorizar.

Incluso la necesidad de movimiento, "hacer cosas", que comenta el mismo Emanuele tiene rigor científico. Una vez más, un metanálisis sobre actividad física, atención y rendimiento académico sugirió efectos positivos del ejercicio sobre la atención y las funciones ejecutivas.

Sin embargo, dejar los estudios tampoco terminó de convencer a Emanuele. A los 16 años, explica, se arrepintió: "Dije: no puedo estar sin estudiar". Así que regresó a clase y acabó el Bachillerato.

Algo, de nuevo, bastante habitual hoy en día, como también ha corroborado la evidencia: un estudio publicado también en 2026 sobre abandono y reincorporación en España sugiere precisamente que una parte de los jóvenes que abandonan prematuramente los estudios vuelven posteriormente a la educación formal, aunque las oportunidades de hacerlo están condicionadas por diversos factores sociales y familiares.

Emanuele, entretanto, nunca dejó el aprendizaje de los oficios. El padre de su mejor amigo era fotógrafo y empezó a acompañarlo a bodas y celebraciones en Sicilia.

Aprendió fotografía y vídeo, para seguir más adelante en la hostelería, dibujo, doblaje, viajes, fontanería y, finalmente, su propio negocio en España: "Siempre he tenido hambre de aprender".

Paradójicamente, ese "niño" que odiaba estudiar e incluso abandonó la educación reglada fue precisamente el que nunca dejó de aprender. Simplemente tardó en descubrir que no existe una única forma de aprendizaje.