J. Rodríguez
Publicada
Las claves

El eclipse solar total que atravesó España este 12 de agosto dejó una imagen extraordinaria en el cielo, pero también un recordatorio importante para quienes lo observaron directamente: los ojos no admiten errores.

Alfonso Hernández, oftalmólogo especializado en retina, ha advertido de que mirar el Sol sin protección puede provocar una lesión ocular conocida como retinopatía solar, capaz de afectar directamente a la visión.

Según explica el especialista, esta lesión puede provocar una pérdida de visión central de mayor o menor intensidad, porque afecta precisamente a la zona central de la retina, conocida como mácula.

El daño se produce cuando una de las capas de la retina externa sufre una rotura o segmentación en esa región central. Como consecuencia, puede aparecer un escotoma, una mancha en el centro visual.

Uno de los aspectos que Hernández considera especialmente peligrosos es que la lesión no provoca dolor. Por tanto, una persona puede estar dañándose los ojos sin notar que debe apartar la mirada.

Una experiencia con peligros

Además, la aparición de los problemas visuales no tiene por qué ser inmediata. El especialista compara esta situación con una quemadura convencional, que suele advertirse enseguida, frente al daño ocular provocado por observar el Sol.

Por eso, la advertencia del oftalmólogo es tajante: no basta con pensar que unos pocos segundos de exposición no tendrán consecuencias. La lesión puede producirse rápidamente, incluso durante una exposición muy breve.

Hernández insiste en que las gafas homologadas eran imprescindibles durante la observación del eclipse y reclama prudencia para evitar que una experiencia astronómica excepcional termine provocando consecuencias permanentes en la visión.

El especialista reconoce que existe una cuestión especialmente difícil de concretar: cuánto tiempo antes había que colocarse las gafas. En lugar de establecer un instante exacto, recomienda mantenerlas puestas durante toda la observación del fenómeno.

Su recomendación tiene en cuenta también los momentos de máxima espectacularidad del eclipse, cuando aparecen la corona y otros detalles. Según explica, los márgenes son muy breves y resulta complicado calcularlos exactamente.

El mensaje adquiere especial importancia cuando hay menores presentes. Hernández considera fundamental supervisarlos durante la observación, precisamente porque insiste en que el eclipse debe entenderse como una experiencia que exige medidas de seguridad.

El motivo de esta prudencia es que, una vez producida la lesión, el especialista asegura que no existe tratamiento capaz de solucionarla. Por ello, evitar la exposición ocular sin protección resulta fundamental.

El eclipse ya ha terminado, pero la advertencia de Alfonso Hernández permanece: disfrutar de un fenómeno astronómico de estas características no está reñido con la seguridad, siempre que se observen las medidas adecuadas.