A pocas horas del eclipse total de Sol del 12 de agosto, algunos propietarios han empezado a preguntarse si deberían proteger también los ojos de sus mascotas. La respuesta de los veterinarios es tranquilizadora: perros y gatos no sienten nuestra curiosidad por observar directamente el fenómeno.
Ana Anglada, veterinaria especializada en medicina felina, aseguró en Onda Cero, en el programa Como el perro y el gato, haber recibido incluso preguntas sobre la posibilidad de comprar gafas homologadas para gatos. “La gente se ha vuelto muy loca con el tema del eclipse”.
Su explicación parte de una diferencia sencilla entre humanos y animales. Nosotros sabemos que está ocurriendo un acontecimiento astronómico excepcional y dirigimos conscientemente la vista hacia el Sol para contemplarlo. Un gato no entiende qué es un eclipse ni tiene ningún motivo especial para hacerlo.
“Los animales no se van a quedar mirando como nosotros, como idiotas, porque si no tenemos cuidado, nos podemos quedar ciegos”, señaló Anglada. Poco después resumió su mensaje de forma todavía más clara: “Los gatos no van a mirar al sol para ver el eclipse”.
Por eso, no es necesario intentar colocar unas gafas para eclipses a un gato ni modificar su comportamiento habitual para protegerle los ojos. La recomendación general es mantener la normalidad y no convertir el fenómeno en una situación estresante para el animal.
No miran al sol prolongadamente
Eso no significa que mirar fijamente al Sol resulte inocuo para ellos. Los perros y gatos también poseen una retina susceptible de sufrir lesiones por una exposición intensa y prolongada a la radiación solar. Veterinarios de la Universidad de Georgia recuerdan que, si un animal mirara directamente al Sol durante suficiente tiempo, podría sufrir daño retinal.
La diferencia está en la conducta espontánea. Los animales normalmente no permanecen observando fijamente una fuente de luz tan intensa y apartan la mirada, del mismo modo que ocurre cualquier otro día soleado. El eclipse no genera por sí solo una atracción que les haga mirar hacia arriba.
“No os preocupéis, no va a pasar nada, no les va a pasar nada”, insiste Anglada para tranquilizar a los propietarios. Su recomendación, sin embargo, no significa que perros y gatos sean completamente ajenos a lo que sucederá durante esos minutos.
“¿Que notarán algo? Seguro”, reconoce la veterinaria. Durante la totalidad se producirá una caída muy rápida de la luminosidad y también puede descender la temperatura, dos señales ambientales que numerosos animales utilizan habitualmente para organizar sus ciclos diarios.
Las investigaciones realizadas durante eclipses anteriores muestran precisamente comportamientos muy distintos entre especies. Un estudio desarrollado durante el eclipse total de 2017 en el Riverbanks Zoo de Carolina del Sur observó a 17 especies y encontró cambios relacionados principalmente con rutinas propias del atardecer.
Algunos animales comenzaron a prepararse para descansar, mientras otros mostraron comportamientos diferentes o no reaccionaron de manera apreciable. Los resultados no permiten hablar de una respuesta universal: cada especie, e incluso cada individuo, puede reaccionar de una manera distinta.
Una investigación más reciente sobre el eclipse norteamericano de 2024 llegó precisamente a una conclusión moderada. En diez especies de mamíferos y aves mantenidas en zoológicos, los efectos sobre el comportamiento fueron generalmente limitados, aunque aparecieron respuestas concretas en algunos animales.
Con las mascotas domésticas puede ocurrir algo parecido. Un gato podría buscar su lugar habitual de descanso al notar que disminuye la luz, permanecer completamente indiferente o simplemente observar los cambios que ocurren dentro de casa. No hay motivos para esperar una reacción extraordinaria en todos ellos.
La Asociación Estadounidense de Hospitales de Animales recomienda, sobre todo, mantener las rutinas habituales. Si alrededor del eclipse se producen desplazamientos, concentraciones multitudinarias, ruido o excitación de las personas, esos cambios pueden resultar para algunas mascotas más relevantes que la propia desaparición momentánea del Sol.
Por eso también puede ser preferible dejar al animal tranquilamente en casa en lugar de llevarlo a un punto de observación abarrotado. Un entorno desconocido, muchas personas y cambios en los horarios pueden generar estrés independientemente de que haya un eclipse.
La situación es muy diferente para sus propietarios. Las personas sí estarán mirando deliberadamente hacia el cielo y deberán utilizar gafas homologadas durante todas las fases parciales. Anglada recuerda que el verdadero peligro aparece precisamente porque nosotros queremos contemplar directamente aquello que ocurre sobre nuestras cabezas.
La veterinaria pide, por tanto, aplicar sentido común. Los gatos pueden percibir que durante unos minutos el entorno se oscurece y comportarse de forma ligeramente diferente, pero no necesitan unas gafas especiales ni es previsible que se queden mirando fijamente al Sol. Para ellos, el eclipse será un cambio inesperado en el ambiente; para nosotros, es el acontecimiento que queremos observar.
