En el Valle del Guadalentín, el verano encarece cada kilo antes de que llegue al mercado. La planta pierde agua con mayor rapidez, el riego se intensifica y obliga a vigilar cada parcela para que el producto no se pase.
Esta es la explicación que han dado varios agricultores de la zona y que ha sido recogida por medios locales. “Con tanto calor regamos más del doble que en invierno”, explica uno de ellos al señalar por qué la producción se encarece durante estos meses.
El agua permite mantener los cultivos, pero utilizarla tiene un precio. A su coste se suman la energía para bombearla y distribuirla, la mano de obra, los tratamientos y una recolección que debe hacerse en el momento adecuado.
Las plantas pierden agua a través de las hojas y el suelo también devuelve humedad a la atmósfera. La evapotranspiración se acelera con las temperaturas altas, la radiación solar y el aire seco.
El doble de riego
El Sistema de Información Agraria de Murcia utiliza estaciones meteorológicas para estimar las necesidades de riego. Sus datos ayudan a decidir cuándo regar y cuánto aplicar según el cultivo, el suelo, el viento y la humedad.
Durante el invierno, el frío y las jornadas cortas reducen normalmente la demanda. En verano, la planta necesita reponer con más frecuencia el agua que pierde para crecer y conservar los frutos en buenas condiciones.
La afirmación de que se riega más del doble describe la experiencia de los agricultores entrevistados. No es una proporción fija para todas las explotaciones, porque las necesidades cambian entre cultivos.
Aplicar menos agua de la necesaria puede frenar el desarrollo y reducir el calibre. Regar de más tampoco ayuda, porque favorece pérdidas por drenaje y problemas en las raíces. Los sensores y el telecontrol permiten ajustar mejor cada aporte.
La cuenca del Segura combina recursos superficiales, aguas subterráneas, trasvases, agua regenerada y desalación. Esa variedad mejora la seguridad del suministro, pero cada fuente exige infraestructuras y costes diferentes antes de llegar al campo.
La Confederación Hidrográfica del Segura aseguró a comienzos de junio que había recursos suficientes para la campaña estival. Los embalses almacenaban 687 hectómetros cúbicos, alrededor del 60% de su capacidad.
Sin embargo, esta disponibilidad no hace que el riego sea barato. El agua que necesita bombeo o presión lleva asociado un consumo eléctrico, y la desalación exige un proceso industrial antes de incorporarse a la red.
El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía recuerda que los sistemas presurizados dependen de motores y bombas. Cuantas más horas funciona el riego, mayor puede ser el gasto energético de la comunidad de regantes o del agricultor.
Los proyectos públicos de Totana y Librilla incorporan aguas regeneradas, energía fotovoltaica, balsas y telecontrol para mejorar la eficiencia hídrica y energética. Aun así, el agricultor no puede trasladar automáticamente ese coste al comprador.
Cuidado con el calor
Las temperaturas elevadas también aceleran la maduración y pueden obligar a entrar antes en la parcela. “Tienes que tener más cuidado a la hora de cosechar, que no se pase, que no se pudra”, explica otro agricultor.
Ese adelanto reduce el margen para organizar cuadrillas, maquinaria, transporte y ventas. Si el producto permanece demasiado tiempo en el campo puede perder calidad; si se recoge antes, quizá no alcance las características que busca el mercado.
En algunas producciones, la recolección se concentra en una sola pasada o en muy pocos días. Cuando termina, no queda otra cosecha con la que compensar un rendimiento bajo o un precio insuficiente.
“Lo que hay ahora mismo hay que cuidarlo”, señala uno de los entrevistados. Cada riego y cada día de espera condicionan la producción que todavía permanece en el campo.
El regadío sostiene buena parte de las frutas y hortalizas españolas y permite producir más que el secano. A cambio, necesita una gestión precisa de un recurso limitado y sometido a una fuerte competencia.
La modernización ha extendido el goteo, la programación según el tiempo y el control remoto. Estas herramientas reducen pérdidas, pero el calor sigue elevando el consumo y estrechando los márgenes.
En el Valle del Guadalentín, la situación hídrica de 2026 es más favorable que en otros años. La preocupación se concentra en lo que cuesta mantener el cultivo durante las semanas de mayor demanda y en si el mercado compensará el esfuerzo.
Producir en verano significa regar más, cosechar con rapidez y asumir una factura que crece con la temperatura. El agua mantiene viva la plantación, pero su coste puede decidir si las cuentas de la explotación también se mantienen a flote.
