J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Hay decisiones profesionales que no se explican por el sueldo ni por las oportunidades laborales, sino por la necesidad de sentirse en casa. Ángel terminó una ingeniería, pero eligió regresar a su pueblo.

Durante su infancia, la carpintería formaba parte del paisaje familiar. Su padre y su tío trabajaban con la madera, y él bajaba al taller para jugar, aunque nunca imaginó aquel oficio como futuro.

De hecho, cuando tenía seis o siete años recibió por Reyes un maletín fabricado en madera con formones, gubias, un martillo y otras herramientas. El regalo le decepcionó porque entonces no sentía interés.

Aquel niño utilizaba los formones como destornilladores y apenas sabía manejar las herramientas. Le gustaba jugar con el torno, fabricar peonzas o hacer anillas, pero no contemplaba convertirse en carpintero.

Con los años se marchó a Torrelavega para estudiar ingeniería. Allí descubrió que, pese a completar su formación, el lugar donde realmente encontraba tranquilidad era el pueblo donde había nacido.

Futuro inesperado

Los fines de semana regresaba para estar con sus padres y ayudar a su padre con el ganado. Aquellas visitas reforzaron una certeza: quería construir su vida cerca de su familia.

Al terminar la carrera recibió una oferta para trabajar en el ámbito de la ingeniería. Sin embargo, rechazó esa posibilidad porque consideraba que permanecer en un lugar donde no era feliz no merecía la pena.

La carpintería apareció entonces como una alternativa vinculada a sus raíces. Comenzó ayudando gratuitamente a su padre y a su tío, mientras realizaba algunos trabajos de lijado y barnizado de suelos.

Su formación técnica acabó siendo decisiva para descubrir una especialidad. El dibujo técnico era la materia que más disfrutaba durante la carrera y resultaba especialmente útil para diseñar y fabricar escaleras.

Ángel empezó a interesarse por los trazados, los ángulos y las estructuras. Su conocimiento de trigonometría le permitió comprender mejor esos trabajos y desarrollar una habilidad que terminó definiendo su trayectoria.

La primera escalera que construyó todavía le provoca cierta incomodidad cuando la recuerda. Considera que estaba mal ejecutada, aunque aquellos errores fueron esenciales para aprender y perfeccionar su técnica.

Con el tiempo también dominó la fabricación de ventanas. Cuando su tío se jubiló, él ya conocía buena parte de los trabajos del taller, por lo que decidió continuar junto a su padre.

En 2003 ambos construyeron desde cero el edificio donde desarrollarían su actividad. Su intención inicial era fabricar muebles, aunque contaban con poca maquinaria y comprobaron que aquel camino resultaba complicado.

La fabricación de muebles exigía muchas horas y elevaba el precio final. En cambio, el auge de la construcción abrió nuevas oportunidades y permitió que el pequeño negocio encontrara una actividad más rentable.

Durante aquellos años, Ángel aprendió observando a otros profesionales, analizando sus propios fallos y buscando maneras de mejorar. En su pueblo todavía no había acceso a internet, por lo que la experiencia era fundamental.

Ahora considera que la red facilita el aprendizaje gracias a la enorme cantidad de información disponible. Aun así, mantiene que la práctica, la observación y la voluntad de superarse siguen siendo imprescindibles.

Su trayectoria demuestra que una carrera universitaria no determina necesariamente el destino profesional. Los conocimientos adquiridos en ingeniería terminaron integrándose en la carpintería y aportaron valor a su trabajo cotidiano.

Para Ángel, la elección nunca consistió únicamente en cambiar una profesión por otra. Rechazó un futuro vinculado a la ingeniería porque priorizó vivir tranquilo, cerca de los suyos y en su pueblo.