Tras los incendios forestales que han asolado buena parte de España en las últimas semanas, el campo está siendo señalado como responsable de ellos, tal y como denuncian los propios agricultores de nuestro país.
El vicepresidente de ASAJA Cuenca, Manuel Torrero, lamenta que sea el sector agrario el que cargue con una sospecha generalizada que considera injusta, al asegurar que el agricultor es precisamente quien más interés tiene en que nada arda en el campo.
"Parece que somos los pirómanos y no es así", denunció recientemente en una entrevista. Defiende que tanto su patrimonio como el de toda la sociedad dependen de que el fuego no se propague. Por ello exige que alguien explique "por qué en este país los incendios son de esta envergadura".
El representante agrario subraya que la maquinaria agrícola, señalada muchas veces como origen accidental de las chispas, no puede considerarse responsable de siniestros que devastan miles de hectáreas en cuestión de horas durante la campaña de recogida del cereal.
Medidas de prevención sencillas
Las restricciones impuestas por el riesgo extremo de incendio, explicó Torrero a la emisora, están provocando pérdidas económicas millonarias entre los agricultores, obligados a paralizar la siega justo cuando el cereal alcanza su punto óptimo de recolección del verano.
ASAJA reclama a la Administración que habilite una franja horaria de 9 a 13 horas para poder seguir cosechando durante las olas de calor, ya que consideran inviable cumplir con las exigencias de personal que marca el protocolo vigente.
Torrero recordó que, si 300 máquinas trabajan entre Cuenca y Guadalajara, la normativa exigiría 900 operarios de vigilancia disponibles sobre el terreno, una cifra que la España rural y despoblada simplemente no puede ofrecer hoy en la práctica diaria.
La organización insiste además en medidas preventivas sencillas, como dejar franjas de 10 metros de terreno sin cultivo alrededor de las parcelas, propuestas que llevan años planteando sin que, según denuncian, la Administración las atienda con la seriedad debida.
Los datos oficiales confirman, mientras tanto, la gravedad de la temporada: según el sistema europeo Copernicus, España acumulaba a finales de julio más de 219.000 hectáreas calcinadas, casi la mitad de la superficie quemada en la UE.
Esa cifra multiplica por cinco la registrada en las mismas fechas de 2025 y sitúa a España como el país con más incendios y con la mayor superficie forestal arrasada de todo el continente europeo esta temporada.
Entre los grandes siniestros de este verano figuran el incendio mortal de Los Gallardos, en Almería, y la emergencia de interés nacional declarada en Ávila y Madrid, que obligó a evacuar a miles de vecinos de la zona afectada.
Los organismos oficiales atribuyen a la acción humana, entre negligencias y provocaciones intencionadas, en torno al 95% de los incendios forestales españoles, frente a un porcentaje residual originado por los rayos u otras causas naturales.
Los expertos forestales insisten en que el abandono rural, la despoblación y la acumulación de vegetación seca agravan cualquier chispa inicial, mientras el cambio climático y las olas de calor cada vez más intensas aceleran una propagación difícil de frenar.
