A la entrada de uno de los desfiladeros más espectaculares de Castilla y León, un pequeño pueblo soriano reúne castillo, arquitectura templaria y senderos bajo el vuelo de los buitres. Ucero permite pasar de las ruinas medievales a un profundo cañón excavado en la roca.
La localidad funciona como principal puerta de acceso al Parque Natural del Cañón del Río Lobos, un espacio protegido que se extiende entre Soria y Burgos. Sus paredes calizas, bosques de sabinas y pinares crean un paisaje especialmente llamativo para una escapada estival.
Antes de adentrarse en el parque, la mirada se dirige hacia el castillo de Ucero. La fortaleza ocupa un espolón rocoso desde el que se controlaban el valle, los caminos y el paso natural hacia el interior del cañón.
El conjunto arqueológico abarca unas 2,3 hectáreas y conserva restos pertenecientes a distintas épocas, desde la Edad del Hierro hasta la Edad Media. Su estructura llegó a contar con tres recintos amurallados, un foso, un aljibe y diferentes dependencias alrededor del patio de armas.
La parte más reconocible es la torre del homenaje, cuya bóveda ojival todavía conserva restos pictóricos y elementos decorativos. Aunque buena parte del complejo está arruinada, su silueta continúa dominando el pueblo y la entrada del parque natural.
Arquivoltas y los rosetones
Una de las formas de conocerlo es seguir la Senda del Castillo, un recorrido que asciende hasta la fortaleza y atraviesa parte del antiguo canal romano construido para llevar agua hacia la ciudad de Uxama, situada en el entorno de El Burgo de Osma.
Sin embargo, la imagen más conocida espera dentro del cañón. Entre enormes paredones aparece la ermita de San Bartolomé, una construcción románica y protogótica que formó parte del antiguo monasterio templario de San Juan de Otero.
Las fuentes oficiales sitúan generalmente su construcción entre finales del siglo XII y los primeros años del XIII. Su arquitectura refleja precisamente aquella transición: conserva elementos románicos, pero incorpora arcos apuntados y soluciones que anticipan el estilo gótico.
La ermita presenta una nave rectangular, crucero y ábside semicircular. En su exterior destacan la portada con arquivoltas y los rosetones, mientras el aislamiento del edificio, encajado frente a la roca, ha alimentado numerosas leyendas relacionadas con los templarios.
Detrás se abre una gran cavidad natural vinculada también a la ocupación humana del cañón. El paisaje kárstico está lleno de cuevas, simas y abrigos formados por la disolución y erosión de la piedra caliza durante miles de años.
El río Lobos ha excavado un trazado sinuoso de más de 25 kilómetros, creando meandros cerrados y farallones que sirven como refugio para numerosas aves rapaces. El sendero principal permite recorrer el parque siguiendo buena parte del cauce.
El animal más representativo es el buitre leonado. El espacio protegido alberga alrededor de un centenar de parejas, acompañadas por águilas reales y perdiceras, alimoches, halcones, búhos reales y otras especies que aprovechan las paredes inaccesibles para descansar o reproducirse.
Uno de los mejores lugares para observarlas es el mirador de La Galiana. Situado sobre un cortado de más de 150 metros, permite contemplar el vuelo de los buitres cuando utilizan las corrientes térmicas para elevarse casi sin mover las alas.
La visita puede adaptarse al tiempo disponible. Es posible realizar únicamente el tramo sencillo hasta San Bartolomé, seguir alguno de los recorridos circulares próximos a Ucero o completar la Senda del Río, de 25 kilómetros, hasta Hontoria del Pinar.
Durante el verano conviene comenzar temprano, llevar agua y evitar las horas centrales, ya que parte del recorrido queda expuesto al sol. También resulta recomendable consultar previamente las indicaciones del parque y respetar las restricciones destinadas a proteger la fauna y prevenir incendios.
