María José Parot tenía apenas 12 años cuando su padre, diagnosticado de un trastorno bipolar grave, sufrió un brote psicótico tras perder su trabajo por culpa de las drogas y el alcoholismo que arrastraba desde hacía ya varios años.
Decidió terminar bruscamente con su propia vida y con la de toda su familia: abrió el gas de la vivienda familiar para provocar una explosión. María José despertó a tiempo a su madre y avisaron juntas a la policía.
Su padre acabó ingresado en un centro psiquiátrico y la familia perdió para siempre la casa en la que habían vivido. Tuvieron que mudarse entonces con la abuela materna, que desde ese mismo momento pasó a vivir con ellas.
Aquel episodio le generó a la madre de María José un estrés postraumático muy severo y, sin dinero suficiente para costear los tratamientos médicos necesarios, terminó abandonando por completo el seguimiento médico de su esclerosis múltiple, ya diagnosticada desde antes.
Cuidadora a los 12
Con la esclerosis, la depresión y el estrés postraumático conviviendo bajo el mismo techo, María José, con apenas 12 años, empezó a cuidar de su madre y a asumir prácticamente todas las tareas del hogar familiar entero, sin ayuda.
Primero fueron labores físicas, como limpiar el patio o hacer el aseo diario, porque la esclerosis múltiple afectaba sobre todo al cuerpo de su madre. Después llegaron muchas más tareas, según la enfermedad avanzaba sin freno alguno cada día.
Su madre conducía dopada por la medicación y casi sin visión, y estuvieron a punto de chocar contra otros coches casi cada día. María José tuvo entonces que resolver sola cómo ir al colegio y cómo hacer la compra.
"Disocié un poco", reconoce hoy María José. Entonces creía que cuidar de su madre era simplemente lo que le tocaba como buena hija. Su madre, muy sobreprotectora tras el trauma vivido, apenas la dejaba salir de casa ni relacionarse.
"Termina desapareciendo tu persona por cuidar del otro, y eso no puede pasar nunca", afirma hoy con rotundidad. Durante los cuatro años que duró la universidad, su madre y su abuela quedaban completamente solas durante toda la semana entera.
Hubo caídas graves que nadie advirtió a tiempo: la abuela pasó dos días tirada en el suelo tras fracturarse una costilla, y la madre estuvo un día entero tirada en el patio sin poder levantarse por sí misma tampoco.
Antes de quedar postrada por la demencia senil que hoy padece, la abuela, de carácter muy agresivo, llegó a maltratar verbal y también físicamente a María José si el aseo o el patio no quedaban del todo bien impecables.
Esa carga terminó desencadenando una depresión de la que apenas recuerda esos años de su vida. Desarrolló entonces una actitud obsesiva: pensaba que si ella lo hacía todo perfecto, la situación familiar mejoraría poco a poco, con el tiempo.
El colapso llegó después: perdió movilidad en las piernas y sufrió tics nerviosos parecidos al Tourette, causados por el exceso de cortisol acumulado. Hoy, con el estrés más controlado, insiste en un mensaje: "puedes pedir ayuda y poner límites".
