Mientras muchos jóvenes orientan su futuro hacia empleos tecnológicos o administrativos, algunos continúan apostando por profesiones manuales que exigen esfuerzo físico, precisión y experiencia.
Sergio Menéndez, carpintero de aluminio de veintiocho años, defiende que estos oficios siguen ofreciendo estabilidad, aprendizaje constante y oportunidades laborales.
El joven, según ha contado en una entrevista, trabaja junto a su padre en una pequeña empresa familiar dedicada a fabricar e instalar ventanas, persianas, balconeras y otras estructuras de aluminio.
Su incorporación llegó durante la pandemia, cuando buscaba empleo como mecánico sin encontrar empresas dispuestas a contratar personal sin experiencia.
Reducir considerablemente los riesgos
Aquella decisión, nacida inicialmente por necesidad, terminó convirtiéndose en una auténtica vocación.
Desde entonces ha aprendido todas las fases del oficio, desde la fabricación en taller hasta el montaje final, desarrollando habilidades técnicas que requieren precisión, planificación y capacidad para resolver problemas diariamente.
Aunque reconoce que la carpintería metálica implica levantar peso, manipular herramientas y afrontar jornadas físicamente exigentes, Sergio rechaza la idea de que las lesiones sean inevitables.
Considera que la formación, la prudencia y el uso adecuado de equipos protectores reducen considerablemente los riesgos.
"Es un trabajo muy físico, pero si trabajas con cuidado y utilizas las protecciones adecuadas puedes prevenir lesiones", resume el carpintero, convencido de que la cultura preventiva resulta tan importante como la destreza técnica para desarrollar una carrera profesional larga y saludable.
Su planteamiento coincide con las recomendaciones habituales de los especialistas en prevención de riesgos laborales.
Estos profesionales insisten en adaptar los puestos de trabajo, minimizar esfuerzos repetitivos, utilizar equipos homologados y fomentar hábitos seguros para evitar lesiones musculoesqueléticas y accidentes evitables.
Más allá del esfuerzo físico, Sergio destaca la dimensión creativa de una profesión que obliga constantemente a encontrar soluciones.
Cada instalación presenta desafíos diferentes, desde ajustar grandes estructuras hasta resolver imprevistos durante el montaje, aspectos que considera especialmente motivadores dentro del trabajo cotidiano. Sin embargo, observa con preocupación la escasa incorporación de jóvenes al sector.
En su opinión, muchos descartan estos oficios porque buscan empleos menos exigentes físicamente, pese a que la demanda de profesionales cualificados continúa siendo elevada y ofrece perspectivas laborales relativamente estables.
El carpintero también lamenta que las pequeñas empresas afronten dificultades crecientes derivadas del aumento del precio de las materias primas y de unos márgenes cada vez más ajustados. Aun así, sostiene que la actividad continúa siendo rentable cuando existe suficiente volumen de trabajo.
Mientras se prepara para asumir progresivamente el relevo generacional del negocio familiar, Sergio mantiene intacta su confianza en una profesión donde esfuerzo, responsabilidad y prevención caminan unidos.
Su mensaje pretende desmontar prejuicios y recordar que trabajar con las manos también puede significar construir un futuro sólido.
Sergio representa un ejemplo de resiliencia y adaptación, combinando tradición familiar, aprendizaje autodidacta y compromiso con la calidad para mantener vivo un oficio que, aunque físico, sigue siendo relevante y necesario en la sociedad actual.
