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Las claves

Liviu apenas llevaba un mes trabajando como carpintero cuando una sierra circular cambió su vida en apenas unos segundos: "Se me escapó la mano. Me cortó dos dedos y el tercero me lo destrozó".

Tras el accidente, como explicó en un vídeo publicado en YouTube, fue trasladado al hospital, donde le limpiaron y suturaron las heridas e intentaron reparar los daños iniciales. Sin embargo, la posibilidad de recuperar una mano funcional parecía limitada.

La amputación de varios dedos no es algo meramente estético, sino que puede comprometer seriamente la capacidad funcional de una persona: no poder agarrar objetos, usar herramientas, abrocharse la camisa o realizar cualquier actividad que requiera un mínimo de precisión.

Por suerte para Liviu, gracias a su hija, estudiante de medicina, pudo tener una oportunidad.

La amputación no siempre es el final

Según explica Liviu, una compañera de su hija le habló del cirujano Francisco Piñal, especializado en reconstrucciones complejas de las extremidades.

El carpintero contactó con él al segundo día del accidente: "Me dio una cita y al tercer día ya me había operado. Me cogieron rápidamente y gracias a él tengo la mano".

Cuando un dedo amputado no puede reimplantarse, ya sea por haber sufrido un aplastamiento o una destrucción extensa de los tejidos, una de las alternativas más sofisticadas es transferir un dedo del pie a la mano.

Aunque Liviu lo llama "implante", en realidad es un autotrasplante: tejidos del propio paciente que conservan huesos, articulaciones, tendones, nervios, arterias y venas.

Durante la intervención, el cirujano conecta de forma microscópica vasos sanguíneos de apenas unos milímetros para restablecer la circulación. También une tendones y nervios con el objetivo de recuperar movimiento y sensibilidad.

En el caso de Liviu, se extrajo un dedo de cada pie para reconstruir dos de los dedos perdidos en el accidente. La evidencia científica respalda esta técnica en casos muy seleccionados.

Como ejemplo, una revisión sistemática sobre los resultados de las transferencias de dedos del pie para reconstruir el pulgar estimó una supervivencia media del 96,4%, aunque cabe destacar que los estudios eran principalmente series de casos con una calidad metodológica limitada.

Otras revisiones clínicas sitúan habitualmente la tasa de supervivencia de estas transferencias microquirúrgicas por encima del 95%. Pero los estudios no se limitan solo a analizar si el tejido sobrevive.

Por su parte, los estudios de seguimiento han observado también recuperaciones significativas de fuerza, destreza y capacidad para realizar actividades cotidianas.

Otro ejemplo es un trabajo sobre la funcionalidad de estos autotrasplantes, donde los pacientes hablaban sobre sus sensaciones tras la intervención.

En este caso, las personas sometidas a transferencias de dedos del pie a la mano mostraron mejorías significativas en las actividades de la vida diaria, el trabajo, la apariencia de la mano y la satisfacción subjetiva con el resultado.

También se objetivaron mejoras físicas y emocionales a nivel de calidad de vida percibida. Por desgracia, estas microcirugías no están exentas de efectos adversos y riesgos.

Extraer dedos de los pies puede modificar el reparto de cargas al caminar y producir molestias, alteraciones de la marcha y problemas estéticos.

En este aspecto, una revisión sobre las secuelas funcionales en el pie donante, donde se analizaron más de 800 transferencias de dedos del pie a la mano, encontró algún grado de alteración de la marcha en aproximadamente el 24% de los procedimientos.

Aun así, a largo plazo, los datos son relativamente tranquilizadores: otro estudio con una media de 16 años de seguimiento sugirió que la mayoría de los pacientes presentaba pocas o ninguna molestia en el pie donante a largo plazo.

Posteriormente a este procedimiento, como ya sucedería con el caso de Liviu, se debe afrontar una prolongada rehabilitación para que el cerebro aprenda a utilizar los dedos transferidos como parte de la mano.

Él, sin embargo, ya mostró optimismo en su momento: "Estoy contento, estoy feliz. Tengo mi mano completa y veo que evoluciona perfectamente". Se trata de un caso que ilustra hasta dónde puede llegar la microcirugía reconstructiva.

No se trata solo de recuperar dedos a nivel estético, sino más bien de recuperar funcionalidad, autonomía, capacidad de trabajo y, especialmente, calidad de vida.