Uno de los alumnos de Fermín Lorda todavía no ha terminado sus estudios y ya sale de las visitas a empresas con una propuesta que se repite constantemente. “En cuanto termines, ven para aquí”, le dicen en los talleres que conoce.
El carpintero navarro cuenta la realidad de su sector en el pódcast Mucho más que carpintería "Tiene treinta años, está terminando de estudiar y todas las empresas que visita lo quieren contratar", explicó al hablar de las oportunidades que encuentra un perfil bien formado.
Aunque es una anécdota, refleja la realidad que Lorda observa desde hace años. Hay clientes esperando, carpinterías que rechazan encargos y empresas que buscan trabajadores capaces de fabricar, instalar o manejar maquinaria. El problema es encontrar profesionales preparados.
Los datos del Servicio Público de Empleo Estatal muestran movimiento laboral entre quienes cuentan con esta formación. En 2025 se registraron 1.214 contratos para 647 demandantes con el título de Técnico en Carpintería y Mueble, aunque no todos tienen que corresponder necesariamente a puestos de carpintero.
De esos contratos, 909 fueron a jornada completa y 320 tuvieron carácter indefinido. Al terminar el año, el SEPE todavía contabilizaba 344 personas paradas con esa titulación, por lo que la formación abre puertas sin garantizar el mismo recorrido a todo el mundo.
Un perfil especialmente atractivo
Fermín Lorda encontró la carpintería mientras ayudaba a terminar una casa junto a unos amigos. Aquella experiencia terminó convirtiéndose en su profesión. Desde entonces, asegura que nunca ha pasado un día sin tener trabajo.
"Enseguida, por el boca a boca, tienes más trabajo del que puedes hacer", explica. La demanda se nota especialmente en el montaje de puertas, cocinas, suelos y mobiliario a medida.
El carpintero sostiene que una persona capaz de instalar bien, cumplir los plazos y responder con seriedad puede reunir encargos con rapidez. Las pequeñas empresas, mientras tanto, encuentran dificultades para ampliar sus plantillas y asumir todo el trabajo disponible.
"Las carpinterías no encuentran trabajadores", afirma Lorda. Esa falta de personal obliga a retrasar encargos, reducir la capacidad productiva o depender de profesionales externos que también tienen sus agendas completas.
El Gremi de la Fusta de Cecot trasladó una preocupación semejante a estudiantes de carpintería en marzo de 2026. Sus representantes hablaron de una necesidad urgente de relevo generacional y presentaron el oficio como una salida con oportunidades reales.
La escasez no se resuelve solo atrayendo candidatos. Una carpintería necesita personas capaces de interpretar planos, trabajar con precisión, conocer los materiales y manejar máquinas potencialmente peligrosas. Aprender el oficio requiere práctica y continuidad.
La imagen del carpintero rodeado únicamente de serruchos, martillos y virutas se ha quedado corta. Los talleres actuales incorporan programas de diseño, máquinas automatizadas y equipos de control numérico capaces de cortar o mecanizar piezas siguiendo instrucciones digitales.
Lorda recomienda prestar especial atención a esa parte tecnológica. El control numérico por computadora, conocido como CNC, se extiende por el sector y puede convertir a un candidato en un perfil especialmente atractivo para las empresas.
"Se está implementando mucho y va a ser más fácil que te contraten", explica. El ejemplo de su alumno aparece precisamente al hablar de una formación capaz de responder a lo que los talleres necesitan ahora.
El SEPE incluye el CNC entre las necesidades formativas detectadas para los carpinteros. También menciona las competencias digitales aplicadas a la maquinaria, la interpretación de planos y los automatismos de puertas.
Por supuesto, la tecnología no elimina el conocimiento manual. Una máquina puede realizar cortes precisos, pero sigue haciendo falta alguien que comprenda la madera, prepare correctamente el trabajo, detecte errores y sepa cómo encajará cada pieza durante el montaje.
Los perfiles más completos combinan ambas partes. Conocen el oficio tradicional y dominan las herramientas digitales que permiten fabricar con mayor rapidez, repetir medidas y abordar proyectos que antes exigían mucho más tiempo.
Por qué faltan aprendices
La abundancia de encargos convive con una dificultad menos visible. Formar a un carpintero lleva años y muchas empresas pequeñas necesitan que cada trabajador sea productivo desde el primer día. El antiguo recorrido del aprendiz se ha debilitado.
El profesional resalta de forma muy clara la contradicción que genera ese bloqueo laboral. "Ni al que aprende le interesa trabajar por ese dinero ni a la empresa contratar al que no sabe".
Quien comienza necesita acompañamiento, comete errores y tarda más en completar las tareas. Para el taller, enseñar supone dedicar tiempo de trabajadores experimentados. Para el aprendiz, los primeros salarios pueden parecer poco atractivos frente a empleos que exigen menos preparación.
La diferencia salarial entre un peón y un oficial tampoco siempre compensa los años necesarios para dominar el oficio. La existencia de trabajo no basta para asegurar el relevo cuando el esfuerzo formativo ofrece pocas mejoras visibles al comienzo.
La rotación añade otra dificultad. Algunas carpinterías dedican meses a formar a una persona que después cambia de empresa o abandona el sector. Esa experiencia hace que ciertos negocios sean más reacios a incorporar a alguien que parte de cero.
La Formación Profesional Dual intenta acercar el aprendizaje y la empresa desde el inicio. En el conjunto de los ciclos de Grado Medio, el 73,8% de los titulados en modalidad dual trabajaba cuatro años después, según el Ministerio de Educación.
Ese porcentaje reúne familias profesionales muy distintas y no describe específicamente la carpintería. Sí muestra el valor de aprender dentro de una empresa, donde el estudiante puede conocer los ritmos reales, utilizar maquinaria y demostrar sus capacidades antes de terminar.
La edad del alumno de Lorda aporta otro elemento interesante. Con treinta años, está terminando su formación y recibe propuestas antes de graduarse. Aprender un oficio puede abrir una nueva etapa profesional también en la edad adulta.
