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Las claves

Hablarles a las mascotas con un tono agudo, pausado y cariñoso, como si nos estuviéramos dirigiendo a un bebé o un niño pequeño, no es realmente señal de inmadurez ni de debilidad psicológica, según confirman los expertos.

Diversas investigaciones en los campos de la neurociencia y la psicología cognitiva confirman que este comportamiento responde a un mecanismo biológico involuntario. Lejos de ser una excentricidad, este fenómeno refleja la activación del instinto humano de apego y protección ante seres que considerados vulnerables a la par que queridos.

La explicación médica detrás de esta conducta radica en la química cerebral y la evolución. Al interactuar con perros o gatos, las personas experimentan un incremento inmediato en la segregación de oxitocina, conocida popularmente como la hormona del amor.

Este neurotransmisor, que modula la voz de forma inconsciente hacia frecuencias más dulces y agudas, es el mismo que consolida el vínculo afectivo entre madres e hijos, demostrando que la conexión emocional con los animales comparte las mismas raíces biológicas.

Se respalda el habla infantil hacia los animales

Los expertos en comportamiento animal han demostrado que esta forma de comunicación no es unilateral, sino que aporta grandes beneficios a la convivencia. Estudios publicados en la revista Nature revelan que los animales domésticos muestran una tasa de atención significativamente mayor y una activación en sus áreas cerebrales de recompensa cuando escuchan estas entonaciones exageradas.

Esto significa que el tono infantil mejora el adiestramiento, reduce el estrés de la mascota y fortalece la confianza mutua, por lo que al final es un gran beneficio para todas las partes que estrecha aún más los lazos entre ambos.

Los psicólogos asocian este hábito con rasgos de personalidad altamente positivos en los tutores. Quienes se dirigen a sus mascotas de esta manera suelen registrar niveles elevados de empatía emocional, una sólida inteligencia afectiva y una gran capacidad para expresar sentimientos sin miedo al juicio social.

Así, lo que socialmente solía catalogarse como una ridiculez, ahora se consolida en verdad, y científicamente, como la prueba de un sistema de cuidado saludable y una conexión óptima entre gatos, perros y otros animales con humanos.

Durante años se ha mirado de manera extraña que las personas hablen a sus mascotas como niños pequeños, pero ahora eso puede cambiar gracias a la base científica que respalda, con argumentos sólidos, que efectivamente llevar a cabo esa comunicación puede ofrecer resultados positivos, como ya hemos visto anteriormente.