P. G. Santos
Publicada
Las claves

Trabajar con maquinaria de carpintería exige precisión constante, aunque incluso los profesionales más experimentados pueden sufrir accidentes inesperados. Que se lo digan si no a Fernando, un carpintero que estuvo a punto de perder su dedo mientras ajustaba una tapeta.

"Una vez ajustando una tapeta se me escapó y me corté un dedo", explicó en su entrevista para el pódcast Mucho más que carpintería, de Fermín Lorda. El impacto fue inmediato, aunque reaccionó con rapidez.

Recogió el fragmento amputado y lo introdujo inicialmente en un plástico de embalaje que encontró disponible cerca del lugar. Poco después comprendió que aquella improvisada solución probablemente no era la más adecuada.

Mientras se dirigía hacia el hospital recordó que el envoltorio podía contener polvo, serrín o pequeñas virutas de madera, elementos poco recomendables para conservar correctamente un tejido amputado accidentalmente.

Envolver la parte amputada

Entonces recordó que poco antes había estado almorzando en un bar cercano. Sin perder tiempo entró directamente detrás de la barra, explicó a los trabajadores lo ocurrido y buscó desesperadamente una manera mejor de conservar el dedo hasta recibir atención médica especializada.

Su mirada se detuvo en la cubitera llena de hielo. Sin dudarlo, introdujo el dedo amputado entre los cubitos y salió inmediatamente hacia el hospital. Aquella decisión improvisada terminaría siendo determinante para que los cirujanos pudieran reimplantar correctamente la extremidad dañada posteriormente.

"Gracias a haber metido el dedo en el hielo lo tengo", resumió Fernando durante el pódcast. Los especialistas consiguieron recolocar el dedo, aunque el resultado no permitió recuperar completamente la movilidad ni todas las funciones que tenía antes del accidente sufrido.

El carpintero explicó que no puede realizar correctamente el movimiento de pinza porque perdió aproximadamente un centímetro de hueso durante la intervención. Sin embargo, considera que conservar el dedo ha supuesto un desenlace enormemente positivo teniendo en cuenta la gravedad inicial del accidente.

Lejos de lamentarse, Fernando incluso encuentra un lado práctico a aquella secuela permanente. Explica con humor que el dedo le resulta útil para accionar el gatillo de determinadas máquinas, una adaptación cotidiana que demuestra cómo ha aprendido a convivir con la lesión.

Su testimonio también refleja la importancia de mantener la calma tras un accidente traumático. Aunque muchas de sus decisiones fueron instintivas, conservar el fragmento amputado y enfriarlo adecuadamente aumentó considerablemente las posibilidades de que los cirujanos pudieran reimplantarlo con éxito posteriormente.

Los especialistas en cirugía de mano recomiendan envolver la parte amputada con una gasa limpia o un paño húmedo, introducirla en una bolsa impermeable y colocar esta sobre hielo, evitando el contacto directo con el agua helada para minimizar daños adicionales.

La carpintería figura entre los oficios donde las herramientas de corte requieren extremar las medidas preventivas. Sierras circulares, tupís, cepillos eléctricos o fresadoras pueden provocar lesiones graves en apenas unos segundos, especialmente cuando se produce un descuido o una pieza inesperadamente desplazada.

Fernando concluyó su relato con una frase cargada de ironía y experiencia. "Hay pocos carpinteros que estén tocados", afirmó entre risas, recordando que los accidentes forman parte de un oficio exigente donde la prevención continúa siendo siempre la herramienta más importante.