P. G. Santos
Publicada
Las claves

La albañilería en España enfrenta una crisis profunda y silenciosa que amenaza con paralizar obras y reformas. Para Rubén Tejerina, un experimentado constructor cacereño con tres décadas de trayectoria, el problema principal radica en la falta de relevo generacional.

Este profesional lidera su propia empresa familiar ubicada en Malpartida de Plasencia, donde la tradición del ladrillo siempre fue un pilar fundamental. Sin embargo, hoy advierte que hallar jóvenes dispuestos a continuar este duro oficio resulta una tarea imposible.

Las consecuencias de esta escasez de trabajadores son evidentes y afectan directamente a los clientes que necesitan reformar sus viviendas. Rubén asegura, en una reciente entrevista, que proyectos que antes duraban seis meses ahora pueden alargarse hasta los ocho o nueve meses fácilmente.

El retraso en las entregas no obedece únicamente a la falta de albañiles. La cadena de construcción involucra a electricistas, fontaneros y alicatadores. Si falta tan solo un eslabón, todo el calendario previsto se resiente de forma muy significativa.

Un gran esfuerzo físico

Esta inestabilidad temporal trae consigo otra preocupación para el sector: la incertidumbre económica.

Los materiales sufren variaciones constantes que complican enormemente poder ofrecer un presupuesto cerrado y fiable cuando cualquier obra padece tantas demoras y también parones muy prolongados.

Rubén confiesa que reza todos los días para que sus empleados continúen trabajando sin abandonar la profesión. Aunque asume el gran esfuerzo físico requerido, defiende que este oficio otorga inmensa satisfacción al ver viviendas completamente terminadas y habitadas felizmente.

Para mejorar las condiciones laborales, este constructor ha implementado una jornada continua durante todo el año. Este cambio facilita la conciliación familiar y ofrece mejor calidad vital a sus operarios, quienes trabajan siempre motivados y con muchísima más tranquilidad.

El sistema tradicional sigue liderando indiscutiblemente la demanda del mercado local. Las modas recientes de instalar casas prefabricadas no logran desbancar al robusto ladrillo, material predominante junto a la clásica teja en obras nuevas y también en múltiples reformas.

La historia que envuelve a esta compañía cacereña refleja una época donde los oficios pasaban directamente de padres a hijos. Su progenitor fundó aquel próspero negocio y Rubén decidió heredarlo tras adquirir experiencia trabajando como encargado en otra ciudad.

Ahora mismo resulta incierto saber quién tomará las riendas próximamente. Aunque Rubén anima a sus hijos para estudiar carreras universitarias, subraya frecuentemente que dominar bien este oficio garantiza empleabilidad ya que los buenos profesionales siempre estarán muy solicitados laboralmente.

La honradez constituye el valor supremo para triunfar siendo constructor. Mantener un trato directo y cercano con cada cliente fomenta esa confianza indispensable para levantar ese lugar íntimo donde familias enteras convivirán felices durante cuarenta o cincuenta hermosos años.

Impulsar programas de formación práctica resulta vital para revertir esta difícil situación. Las escuelas formativas deben inyectar sangre nueva al sector logrando que muchos más jóvenes descubran esa satisfacción personal y profesional que aguarda siempre tras una obra impecable.