P. G. Santos
Publicada
Las claves

Durante décadas, estudiar una carrera universitaria se presentó como la única vía hacia el éxito profesional. Quienes optaban por un oficio manual cargaban frecuentemente con prejuicios sociales.

Joan Pascual, fontanero desde hace casi dos décadas, todavía recuerda una escena especialmente dolorosa durante su adolescencia, tal y como ha explicado en un vídeo publicado en su perfil de Instagram, donde cuenta con casi 100.000 seguidores.

Este testimonio resume el cambio experimentado por numerosos trabajadores especializados. Según ha contado, una profesora de Naturales le llamó "desecho social" cuando descubrió que quería dedicarse profesionalmente a la fontanería.

Aquellas palabras quedaron grabadas en su memoria. En lugar de modificar sus planes, decidió continuar aprendiendo el oficio convencido de que representaba una profesión digna.

Un éxito con esfuerzo

A día de hoy observa aquella experiencia con serenidad, pero reconoce que reflejaba una mentalidad ampliamente extendida entonces. El fontanero recuerda que durante años era habitual escuchar amenazas dirigidas a estudiantes con bajo rendimiento académico.

"Si no estudias, acabarás en la obra" constituía una frase recurrente que asociaba automáticamente los trabajos manuales con falta de formación, oportunidades limitadas y escaso reconocimiento. Sin embargo, el mercado laboral ha evolucionado significativamente.

La escasez de profesionales especializados en sectores como la fontanería, electricidad, carpintería o conducción ha incrementado la demanda hasta convertir estos perfiles en trabajadores especialmente buscados por empresas, particulares y administraciones públicas.

Joan resume esta transformación con una reflexión que ha encontrado eco entre miles de usuarios. "Busca un fontanero. No los hay", afirma, subrayando que quienes ejercen actualmente estos oficios acumulan agendas completas y pueden fijar precios acordes con una demanda creciente.

El fenómeno responde también al envejecimiento de buena parte del colectivo y a la insuficiente incorporación de jóvenes.

Durante años, muchos estudiantes priorizaron itinerarios universitarios mientras la Formación Profesional permanecía infravalorada socialmente, reduciendo progresivamente el relevo generacional en numerosos oficios esenciales.

Para Joan, esa falta de reconocimiento provocó consecuencias que todavía persisten.

Considera que numerosas familias transmitieron involuntariamente una imagen negativa de profesiones indispensables para el funcionamiento cotidiano de viviendas, edificios, empresas e infraestructuras, alejando a muchos jóvenes con vocación técnica de estos sectores.

Pese al reconocimiento alcanzado actualmente, insiste en que el éxito no llegó de manera inmediata.

Recuerda que han transcurrido 18 años estudiando, trabajando y perfeccionando conocimientos hasta convertirse en un profesional experimentado capaz de responder ante cualquier avería o instalación compleja.

Su mensaje concluye reivindicando el valor de quienes desempeñan trabajos manuales altamente cualificados.

Más que una reivindicación personal, pretende cuestionar los estereotipos que durante décadas acompañaron a estos oficios y reclamar un mayor respeto hacia todas las trayectorias profesionales, independientemente del camino educativo elegido.

La historia de Joan ilustra cómo las necesidades económicas pueden modificar percepciones profundamente arraigadas.

Lo que una profesora calificó despectivamente como un fracaso profesional se ha convertido, años después, en una ocupación indispensable cuya demanda continúa creciendo mientras escasean especialistas preparados para ejercerla.