J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Los gatos naranjas llaman la atención por su aspecto y comportamiento, pero su presencia no es igual en todos los entornos. Según el veterinario Carlos Gutiérrez, son más habituales en zonas rurales que urbanas.

La explicación estaría relacionada con la forma en que los felinos ocupan el territorio, se reproducen y afrontan los peligros. En las ciudades, la elevada densidad de animales modifica sus relaciones y limita el espacio disponible.

El color naranja depende de genes vinculados al cromosoma X, asociado al sexo femenino. Los machos tienen un solo cromosoma X, por lo que resulta más sencillo que expresen esta tonalidad.

Las hembras poseen dos cromosomas X y necesitan heredar el gen responsable del color naranja en ambos para presentar ese pelaje. Si combinan genes naranja y negro, suelen mostrar una coloración carey.

Esta particularidad genética explica que existan muchos más gatos machos naranjas que hembras. Sin embargo, el sexo no es el único factor que condiciona su distribución, ya que el entorno también influye.

Riesgos felinos

En los pueblos, los gatos disponen generalmente de territorios más amplios y encuentran menos obstáculos derivados de la actividad humana. Esto permite que algunos machos controlen y defiendan áreas de mayor extensión.

Dentro de esos territorios pueden existir colonias de hembras con las que reproducirse. El macho dominante tiene más posibilidades de mantener alejados a otros rivales y acabar teniendo descendencia con ellas.

La situación cambia en las ciudades, donde parques pequeños, jardines entre edificios y otros espacios reducidos concentran a numerosos gatos. La mayor densidad dificulta que un macho pueda controlar todo su territorio.

Por este motivo, las hembras urbanas pueden aparearse con varios machos y no únicamente con el animal dominante. Así, gatos menos poderosos o territoriales también tienen oportunidades de reproducirse y dejar descendencia.

Además, algunos estudios citados por Gutiérrez apuntan a que los gatos naranjas presentan un comportamiento más osado. Esta característica podría convertirse en una desventaja cuando viven rodeados de amenazas frecuentes.

El tráfico, los perros, la basura y otros riesgos urbanos pueden reducir su supervivencia si se exponen con mayor facilidad. Mientras otros felinos buscan refugio ante un ruido desconocido, ellos podrían mostrarse menos cautelosos.

Esa mayor tendencia a asumir riesgos ayudaría a entender por qué los gatos naranjas son menos frecuentes en las ciudades. Su comportamiento, unido a las condiciones del entorno, puede aumentar la posibilidad de sufrir accidentes.

La personalidad de estos animales no depende exclusivamente del color, aunque algunos rasgos se han relacionado con su genética y comportamiento. Gutiérrez denomina "gatunalidad" al conjunto de características que los hace especiales.

La distribución de los gatos naranjas refleja, por tanto, una combinación de genética, reproducción, territorialidad y supervivencia. Sus diferencias respecto a otros felinos pueden resultar más visibles cuando cambian las condiciones del entorno.