J. Rodríguez
Publicada
Las claves

El café se ha convertido en un aliado habitual para muchas personas que buscan empezar el día con energía, aunque también ocupa un lugar destacado en las rutinas de algunos deportistas antes de competir.

Dani Olmo, futbolista de la selección española, ha explicado que esta bebida forma parte de su preparación previa a los partidos porque le ayuda a activarse y mantenerse más despierto.

El jugador, de 28 años, prefiere tomar un café solo, sin leche ni bebidas vegetales, aunque reconoce que también le gustan estas alternativas en otros momentos de su rutina diaria.

Además, el futbolista asegura que suele beberlo casi de un sorbo antes de saltar al terreno de juego. Según ha contado, esta costumbre le proporciona una sensación inmediata de activación.

Para Dani Olmo, la calidad del producto no es un requisito imprescindible, aunque admite que con el tiempo ha aprendido a distinguir entre un café más bueno y otro menos conseguido.

Café y deporte

Su principal condición es que conserve el sabor característico de la bebida. "Mientras sea café puro y sepa a café y no a agua sucia", ha señalado el jugador.

El centrocampista también ha destacado otro posible efecto relacionado con su ritual prepartido. Según ha explicado, el café puede ayudarle a ir al baño antes del encuentro.

De esta forma, considera que obtiene un doble beneficio: se siente más despierto y, al mismo tiempo, puede afrontar el partido con una sensación de mayor ligereza física.

Más allá de su presencia en el deporte, el consumo habitual de café también ha sido analizado por la ciencia debido a su posible relación con distintos aspectos del envejecimiento saludable.

Una investigación publicada en el European Journal of Nutrition ha asociado el consumo de dos o tres tazas diarias de 250 mililitros con un menor riesgo de fragilidad.

El trabajo examinó la relación entre el consumo de café y varios componentes relacionados con este síndrome, que puede aparecer durante el envejecimiento y afectar a la autonomía.

Los investigadores realizaron un seguimiento de siete años a 1.161 adultos mayores de 55 años participantes en el Estudio Longitudinal del Envejecimiento de Ámsterdam, conocido como LASA.

Para evaluar la fragilidad utilizaron el modelo de cinco componentes de Fried, que incluye pérdida de peso, debilidad, agotamiento, lentitud al caminar y una baja actividad física.

Los resultados indicaron que un mayor consumo habitual de café se asociaba con menores probabilidades generales de presentar fragilidad durante las edades más avanzadas de la vida.

Los autores plantean que los antioxidantes presentes en el café podrían contribuir a reducir la inflamación, limitar la pérdida de masa muscular y prevenir determinados daños en los tejidos.

La bebida también podría favorecer una mejor regulación de la sensibilidad a la insulina y la captación de glucosa, dos procesos relevantes para mantener la salud metabólica.

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, un consumo de hasta 400 miligramos de cafeína diarios, equivalente aproximadamente a entre tres y cinco tazas, se considera moderado y seguro.

Los investigadores subrayan que el café puede contribuir a favorecer un envejecimiento saludable, aunque recuerdan la importancia de estudiar otras estrategias dietéticas que ayuden a mantener la calidad de vida.