P. G. Santos
Publicada
Las claves

Mientras millones de personas buscan refugio bajo el aire acondicionado durante las olas de calor, quienes trabajan cada día en el campo apenas cuentan con sombra natural. Para ellos, combatir las altas temperaturas depende más de la experiencia que de la tecnología.

Alberto Sánchez, agricultor salmantino, resume esa realidad con una frase tan sencilla como reveladora: "El mejor aire acondicionado que tenemos es el sombrero de paja". Su testimonio refleja las condiciones extremas que afronta el sector primario durante los meses más cálidos.

Las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas en España, obligando a agricultores y ganaderos a adaptar horarios, rutinas y métodos de trabajo. En ese contexto, la experiencia acumulada durante décadas continúa siendo una herramienta imprescindible frente a temperaturas extremas.

Alberto, tal y como ha reconocido en una reciente entrevista, conoce perfectamente esas jornadas interminables bajo el sol.

Acostumbrado a trabajar durante horas entre cultivos, explica que los agricultores desarrollan estrategias sencillas para soportar el calor, lejos de las comodidades disponibles en otros sectores laborales donde resulta posible refugiarse en espacios climatizados frecuentemente.

Su aliado más eficaz

Su recurso favorito apenas cuesta unos euros. El tradicional sombrero de paja continúa siendo, según afirma, el aliado más eficaz para protegerse del sol directo.

Ligero, transpirable y práctico, permite mantener la cabeza resguardada mientras el aire circula constantemente alrededor, reduciendo parcialmente la sensación térmica soportada diariamente.

Lejos de tratarse únicamente de una frase ingeniosa, sus palabras resumen una realidad compartida por miles de profesionales agrícolas españoles.

Durante los meses estivales, buena parte del trabajo debe realizarse inevitablemente al aire libre, donde la exposición solar resulta prácticamente imposible de evitar por completo.

Las primeras horas del día concentran gran parte de las tareas más exigentes físicamente. Conforme avanza la mañana y aumentan las temperaturas, el ritmo disminuye para minimizar riesgos.

Sin embargo, determinadas labores agrícolas no admiten demasiadas esperas porque dependen del estado concreto de los cultivos diariamente. El agricultor reconoce que cada verano parece exigir un esfuerzo adicional.

No solo aumentan las temperaturas máximas, sino también la duración de los episodios cálidos, dificultando la recuperación física entre jornadas consecutivas. El cansancio acumulado termina convirtiéndose en otro enemigo silencioso para muchos trabajadores rurales.

La hidratación constante constituye otra norma inquebrantable. Botellas de agua siempre disponibles, descansos breves cuando es posible y ropa ligera forman parte de un protocolo aprendido durante generaciones.

Son medidas sencillas, aunque imprescindibles, para reducir el riesgo de golpes de calor durante la campaña agrícola. Los expertos sanitarios coinciden precisamente con muchas de esas costumbres tradicionales.

Recomiendan evitar esfuerzos intensos durante las horas centrales, proteger la cabeza, utilizar prendas transpirables y mantener una hidratación continua para disminuir los efectos del calor extremo sobre el organismo.

Sin embargo, en numerosas explotaciones modificar completamente los horarios resulta inviable.

Determinadas faenas dependen del momento óptimo de recolección, del estado del terreno o de las necesidades del cultivo, factores que limitan considerablemente la capacidad para reorganizar completamente cada jornada laboral estival.

Además del desgaste físico, el calor repercute directamente sobre la productividad.

Trabajar durante varias horas bajo temperaturas superiores a 35 ºC ralentiza inevitablemente cualquier actividad, incrementando la fatiga y obligando a realizar pausas más frecuentes para preservar la salud de los trabajadores.