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Las claves

Pascual conoce la construcción desde dos lugares muy distintos: desde la obra, donde empezó como tantos otros, y desde la responsabilidad de quien necesita encontrar trabajadores para que varias obras sigan avanzando.

A sus 50 años, este albañil y propietario de una constructora identifica un problema que escucha cada vez más en el sector. Hay trabajo, hay demanda y hay obras, pero faltan profesionales capaces de asumirlas con oficio.

“Tengo cuatro obras en marcha y necesito personas que sepan gestionarlas, pero me encuentro con poca gente preparada”, explicó en un vídeo del creador Adrián G. Martín.

Su diagnóstico fue todavía más directo: “No hay relevo generacional”. La frase no habla solo de una dificultad puntual para contratar, sino de una grieta que se ha ido abriendo durante años en la construcción española.

La situación no significa que ningún joven esté entrando en el sector. De hecho, los últimos datos muestran una ligera recuperación. En el primer trimestre de 2026, los menores de 30 años ya representaban el 11,1% del empleo en la construcción.

La edad media es de 45,1 años

Eran 172.525 trabajadores jóvenes, el peso porcentual más alto de los últimos cinco años. El dato permite una lectura positiva, pero también deja claro que la cantera sigue siendo pequeña para el tamaño del reto.

La construcción llegó en 2025 a 1.530.002 personas ocupadas y fue el sector que más creció, con un aumento del 4,5% respecto al año anterior. La actividad existe; el problema es quién la sostiene.

La edad media de los ocupados alcanzó los 45,1 años en 2025, casi tres más que en 2015. Además, el 22% de los trabajadores tenía 55 años o más, una señal clara de envejecimiento.

La Fundación Laboral de la Construcción calcula que ese 22% podría jubilarse en los próximos diez años. En solo cinco años, más de 139.425 personas ocupadas podrían salir del sector.

Por eso Pascual no habla simplemente de “buscar gente”. Necesita personas que sepan llevar tajos, coordinar trabajos, resolver imprevistos, calcular materiales y tomar decisiones cuando la obra deja de parecerse al plano.

La albañilería conserva una parte de aprendizaje que no se improvisa. Levantar una pared, replantear, alicatar, enfoscar, rematar encuentros o anticipar problemas exige horas de práctica junto a alguien que ya domina el oficio.

Pascual recuerda que él aprendió así. Cuando los oficiales paraban para comer, aprovechaba los materiales que tenía a mano para practicar. Primero llegó el aprendizaje; después, la autonomía y la posibilidad de ganar más.

Ese camino se ha vuelto más difícil. Incorporar a alguien sin experiencia implica dedicar tiempo, oficiales y dinero a enseñarle, mientras la empresa sigue pagando salarios, seguros y costes antes de que ese aprendiz pueda rendir solo.

Ahí aparece una de las claves menos visibles del relevo generacional. No basta con atraer jóvenes: hay que acompañarlos durante el tiempo suficiente para que no abandonen antes de convertirse en profesionales.

La Fundación Laboral intenta cubrir parte de ese hueco. En 2025 formó a 124.435 personas, un 12,9% más que el año anterior, y los alumnos de 16 a 25 años ya fueron el 22,1% del total.

La demanda empresarial muestra por dónde aprieta el sector. Su portal Construyendo Empleo publicó 9.726 vacantes en 2025, casi un 20% más, y los perfiles más demandados fueron albañil, peón, encargado, jefe de obra y gruista.

La entrada de trabajadores extranjeros también está sosteniendo la actividad. En 2025 había 386.507 ocupados de nacionalidad extranjera en la construcción, el 25,3% del total, con un crecimiento del 10% respecto a 2024.

Pero Pascual introduce un matiz importante: incorporar trabajadores no resuelve por sí solo la falta de cualificación. Una persona puede tener ganas y necesitar todavía meses, incluso años, para alcanzar el nivel de un oficial experimentado.

La carrera contra el tiempo está ahí. La construcción debe transferir conocimientos antes de que se jubilen quienes los han acumulado durante décadas. Si ese aprendizaje se corta, no se pierde solo mano de obra; se pierde oficio.