J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Pablo Olmedo desmonta uno de los tópicos más repetidos sobre los gatos: su aparente frialdad. Según el veterinario, interpretar su comportamiento con los mismos parámetros que utilizamos para los perros conduce a un error frecuente, ya que ambas especies tienen un origen evolutivo muy diferente.

En un vídeo publicado en TikTok, el especialista explica que los perros descienden del lobo, un animal acostumbrado a vivir en manada y cooperar. Los gatos, en cambio, proceden de un cazador solitario que aprendió a sobrevivir sin depender de otros individuos.

Esa diferencia evolutiva, señala Olmedo, ayuda a entender por qué los felinos no buscan la atención constante de las personas ni necesitan agradar continuamente a sus cuidadores. Su forma de relacionarse es distinta, aunque eso no significa que sean menos afectuosos.

El veterinario recuerda que los gatos establecen sus propios límites y toleran peor las invasiones de su espacio personal. Además, conservan buena parte de su instinto salvaje, ya que nunca fueron domesticados de la misma manera que los perros.

Para Olmedo, los felinos simplemente "hablan otro idioma". Cuando se frotan contra una persona, parpadean lentamente, duermen cerca de ella o ronronean, están mostrando confianza y afecto. Es una manera diferente de expresar el vínculo, pero igualmente intensa.

No todo es heredado

El experto insiste en que los gatos no son animales fríos ni despegados. Son independientes por naturaleza y, precisamente por eso, cuando eligen compartir tiempo con una persona el lazo que crean resulta especialmente sólido y significativo.

Sin embargo, la personalidad de un gato no depende únicamente de su herencia evolutiva. Cada vez existen más investigaciones que apuntan a que el comportamiento de los humanos también influye directamente en su bienestar, su carácter e incluso su salud física.

El veterinario Carlos Gutiérrez explica que este fenómeno recibe el nombre de "efecto espejo". Aunque los gatos no imitan exactamente a sus dueños, sí perciben las emociones, las rutinas y el ambiente del hogar, adaptando parte de su comportamiento cotidiano.

Gutiérrez comenzó a interesarse por esta cuestión al observar que, durante periodos de estrés personal, su propio gato se mostraba más inquieto, caminando continuamente por la casa y permaneciendo mucho más alerta de lo habitual.

Estas observaciones coinciden con investigaciones dirigidas por la etóloga Lauren Finka. Sus estudios concluyen que las personas más nerviosas suelen convivir con gatos más miedosos, sensibles al estrés y con mayor riesgo de desarrollar obesidad o problemas urinarios.

En cambio, los hogares tranquilos y enriquecidos favorecen gatos sociables, equilibrados y con un peso saludable. Aunque los investigadores recuerdan que parte de los datos proceden de encuestas realizadas por los propios dueños, coinciden en que los felinos son extraordinariamente sensibles al ambiente familiar.