Ferran Torres no reconstruyó su confianza únicamente a base de goles. Detrás de su evolución también aparece un trabajo menos visible, hecho de rutinas mentales, terapia, paciencia y una disposición constante a aprender herramientas nuevas.
Una de las personas que lo acompañó en ese proceso fue José Ángel Caperán, psicólogo deportivo y coach del futbolista. Lo contó en el programa Què t’hi Jugues!, de SER Catalunya, donde explicó cómo habían trabajado juntos.
“Ferran es un ejemplo de jugador que quiere aprender de todo continuamente”, aseguró Caperán en esa entrevista. La frase resume una idea importante: el delantero no buscaba solo sentirse mejor, sino entender qué podía incorporar a su preparación.
El psicólogo fue incluso más allá al describir su actitud. Según explicó, Torres había mostrado “un interés por aprender y una implicación con el equipo técnico” poco habitual en jugadores de ese nivel competitivo.
Ese trabajo no consiste simplemente en hablar después de una derrota. Caperán mencionaba herramientas como visualización, respiración, técnicas de autocontrol, objetivos, rutinas de concentración y análisis de lo ocurrido durante los partidos.
La búsqueda del rendimiento
Son recursos que buscan entrenar la mente igual que se entrena el disparo, la resistencia o la velocidad. La idea es que, cuando aparece la presión, el futbolista no improvise desde el bloqueo, sino desde estrategias ya practicadas.
La visualización, por ejemplo, cuenta con respaldo dentro del fútbol. Una revisión sistemática de 18 estudios, con 584 jugadores, concluyó que algunas estrategias cognitivas, especialmente la imaginación mental, pueden mejorar aspectos del rendimiento deportivo.
Pero el proceso de Torres empezó en un momento mucho más delicado que una simple búsqueda de rendimiento. El propio jugador llegó a reconocer que entró en “un pozo” y que perdió la ilusión por jugar y entrenar.
Las críticas habían empezado a atravesar la barrera que intentaba levantar frente a ellas. Torres explicó que podía leer muchos comentarios positivos y acabar quedándose precisamente con el mensaje negativo que encontraba entre todos.
Con ayuda psicológica comenzó a separar aquello que podía controlar de lo que no dependía de él. Esa idea, sencilla en apariencia, es una de las más difíciles de aplicar cuando todo se analiza en público.
Ni sentirse el mejor cuando llegan los goles ni hundirse por completo durante una mala racha. Ese equilibrio es esencial en un deporte donde una ocasión fallada puede convertirse en tendencia y una buena noche puede cambiar el relato.
El consenso del Comité Olímpico Internacional sobre salud mental en deportistas de élite recuerda que los problemas psicológicos también aparecen en atletas de máximo nivel y pueden afectar al bienestar, el rendimiento y la recuperación física.
El mismo documento recomienda trabajar habilidades como gestión de la ansiedad, concentración, adaptación a situaciones exigentes y una mentalidad más centrada en el proceso que en el resultado inmediato.
En Torres, esa reconstrucción terminó adquiriendo incluso una forma pública. El apodo de “Tiburón” y los mensajes sobre levantarse después del error convirtieron la insistencia en parte de su identidad deportiva.
Caperán, sin embargo, evita presentarse como único responsable. Cuando Ferran le agradeció su ayuda, el psicólogo recordó que se trataba de un proceso multidisciplinar, con varias personas alrededor del futbolista y un trabajo sostenido en el tiempo.
La historia de Ferran Torres muestra una parte del fútbol que casi nunca se ve durante los partidos. Detrás de la confianza, los goles y el gesto del “Tiburón” hay un jugador que, según su psicólogo, mantiene una cualidad menos ruidosa: querer seguir aprendiendo.
