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Las claves

España, y muchos otros países del mundo, está viviendo uno de sus veranos más calurosos. Siempre ha habido altas temperaturas durante esta época del año, pero la tendencia actual es diferente y no son pocos expertos los que señalan que la cosa va a ir a más durante el paso de los años: esta es la nueva realidad.

Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), asegura que los picos de calor van a ir en aumento próximamente, por lo que eso significa que los veranos actuales serán recordados como más frescos en el futuro.

"En España, y podríamos decir que en toda Europa como hemos visto en días pasados, los veranos son ya cada vez más cálidos. Esta tendencia va a continuar. Por lo tanto, estos picos de calor, estas olas de calor, también afectarán con una tendencia que va a continuar", señala el profesional durante una intervención en Antena3.

"No queda más remedio que adaptarse a esta nueva realidad climática y tener presente que los veranos ya no son lo que eran. Siempre ha hecho calor, pero ahora hace más", concluye. Es decir, que no hay previsiones de que las temperaturas, en líneas generales, vayan a bajar.

Los "nuevos" veranos

Esta transformación climática obliga a redefinir los umbrales de alerta y a reformular las estrategias de adaptación ciudadana ante un entorno térmico hostil. El cambio climático actúa además como motor directo de este incremento en la frecuencia, extensión geográfica e intensidad de estos episodios de calor.

Durante este último siglo, de hecho, ha habido una aceleración evidente de los márgenes de las temperaturas. Mientras que a finales del siglo XX se contabilizan dos olas de calor en el mes de junio, en las primeras dos décadas del siglo XXI esa cifra ya asciende a más de diez episodios.

Además, la persistencia de los valores extremos genera un impacto crítico en el ecosistema forestal y agrava de manera exponencial el peligro de incendios. El flujo constante de aire extremadamente seco, sumado a la intensificación de vientos del sur, acelera el proceso de secado de los bosques ibéricos.

Es incluso un escenario que por supuesto afecta a la salud pública, puesto que las famosas noches tropicales, donde las temperaturas mínimas no bajan de 20 o 25 grados, impiden que el cuerpo pueda descansar como debe frente al estrés calórico acumulado durante el día y las jornadas.

Pero, con todo, parece que la única solución es adaptarse y crear nuevas estrategias para hacer frente a las olas de calor que están por llegar a todo el mundo.