El gato siamés, con permiso del gato persa, es una de las razas más reconocibles entre los felinos. Sin embargo, su aspecto elegante no es su único distintivo. De hecho, como explica el veterinario Carlos Gutiérrez en uno de sus vídeos de YouTube, esta raza felina puede mostrar una especial sensibilidad ante determinadas situaciones estresantes y, cuando no consiguen adaptarse, desarrollar conductas repetitivas e incluso "obsesivas".
Esta afirmación no es una opinión, sino que se basa en un estudio publicado en Scientific Reports, donde se analizó el comportamiento de 5.726 gatos domésticos de hasta 40 razas diferentes. Para tener muestras amplias, los investigadores analizaron al gato siamés dentro de otras razas emparentadas, como el gato balinés y los gatos orientales de pelo corto y largo, en un grupo denominado "grupo oriental".
Según los resultados de este trabajo, existían diferencias clave entre las razas felinas. Como ejemplo, los gatos orientales y birmanos presentaron una mayor tendencia al acicalamiento excesivo, una conducta que puede aparecer asociada a situaciones de estrés o malestar.
El gato siamés frente al estrés
Cabe puntualizar un matiz importante: el estudio no demuestra que todos los gatos siameses sean obsesivos, ni es posible atribuir este comportamiento solo a esta raza; lo que explica el estudio es que un grupo de gatos, los "gatos orientales", tendrían este comportamiento, siempre según las respuestas dadas por sus propietarios. Así pues, aunque la raza puede asociarse a esta predisposición, no determina por sí sola toda la conducta del animal.
Como explica Gutiérrez, ante una situación desadaptativa, algunos siameses pueden desarrollar comportamientos estereotipados. En otras palabras, acciones repetitivas relativamente invariantes y sin una clara finalidad práctica: lamidos o acicalamientos excesivos, succión de tejidos, persecución de la cola o movimientos repetitivos en general. Se trata de conductas que pueden funcionar inicialmente como una forma de autorregulación frente al estrés; sin embargo, su mantenimiento durante un tiempo prolongado puede afectar al bienestar y a la salud del animal.
El estrés felino puede aparecer cuando se producen cambios de domicilio, conflictos con otros gatos, falta de escondites, ruidos intensos, visitas, alteraciones de la rutina o imposibilidad para realizar conductas naturales como explorar, trepar, cazar o descansar sin interrupciones. De hecho, una revisión publicada en el Journal of Feline Medicine and Surgery relaciona estos factores ambientales con cambios de comportamiento y con un deterioro del bienestar en los gatos domésticos.
En el caso de los gatos siameses y otras razas orientales también se ha descrito una predisposición a la succión o masticación compulsiva de tejidos, lo que se conoce como "wool sucking". En este caso, un estudio realizado con más de 200 gatos siameses y birmanos analizó distintos factores relacionados con esta conducta, como la predisposición genética, el ambiente, el destete temprano, el apetito o la presencia de problemas médicos. Según sus resultados, un destete temprano en especial sería la principal causa para este comportamiento de succión compulsiva.
Antes de considerar que estas conductas son puramente emocionales, es aconsejable descartar dolor, enfermedades dermatológicas o digestivas, o bien otras causas orgánicas. Un lamido insistente puede ser señal de estrés, pero también de picor, dolor o malestar físico. Como prevención, es esencial adaptarse a las necesidades de nuestro felino: ofrecerle refugios seguros, zonas elevadas, rascadores, juguetes que simulen la caza y sesiones breves de juego interactivo. Los gatos siameses en particular, según explica Gutiérrez, suelen ser animales activos y exploradores, por lo que el juego puede ser una vía especialmente útil para liberar tensión y fortalecer el vínculo con su cuidador.
Respecto a su relación con las visitas, no todos los gatos siameses responden igual. Algunos pueden esconderse o rechazar el contacto físico excesivo, mientras que otros buscan la compañía humana. Cada gato posee su propia personalidad, y tanto sus experiencias durante las primeras semanas de vida como su socialización inicial serán clave durante su desarrollo.
En conclusión, convivir con un gato siamés exige observación y no quedarse tan solo con la etiqueta racial. Si aparece un lamido compulsivo, lesiones, lesión de tejidos o cambios bruscos de conducta, es aconsejable consultar a nuestro veterinario de confianza. Las conductas repetitivas sin sentido no son "manías" sin importancia, sino una señal de que algo no va bien.
