Santiago Carpintero tiene 22 años y pertenece a una generación poco habitual dentro de las obras españolas. Mientras muchos jóvenes buscan empleos alejados del polvo, el frío o el calor, él decidió continuar ligado a la albañilería.
Natural de La Villa de Don Fadrique, en Toledo, Santiago se ha hecho conocido en redes como @reformasanti, donde enseña trabajos de obra, reformas y consejos básicos para quienes quieren entender mejor el oficio.
Su preocupación no es que falten obras. Es quién podrá hacerlas cuando se retiren los profesionales que hoy levantan muros, alicatan baños, colocan cubiertas, manejan maquinaria o resuelven problemas sobre el terreno.
“¿Cómo se fabricarán las casas de aquí a 20 años?”, planteó en el pódcast Sector Oficios. La frase resume un miedo que muchos veteranos del sector llevan tiempo repitiendo.
El joven albañil no habla desde una estadística, sino desde lo que ve cada día. En las obras abundan oficiales con muchos años de experiencia y escasean chavales dispuestos a aprender desde abajo, equivocarse y adquirir oficio.
El 22% se jubilará en 10 años
Los datos le dan parte de razón. En 2025, la edad media de los ocupados en la construcción alcanzó los 45,1 años, casi tres más que en 2015, y el 22% tenía 55 años o más.
La Fundación Laboral de la Construcción calcula que ese 22% podría jubilarse en los próximos diez años. En solo cinco años, más de 139.425 trabajadores podrían abandonar el sector por edad.
La entrada de jóvenes mejora, pero todavía no despeja el problema. En el primer trimestre de 2026, los menores de 30 años representaban el 11,1% de los ocupados del sector, con 172.525 trabajadores.
Es el porcentaje más alto de los últimos cinco años y supone un aumento del 16,9% respecto a 2025. Aun así, sigue siendo una cantera pequeña para sustituir a toda una generación de profesionales veteranos.
Santiago siguió al principio otro camino. Estudió un grado medio de telecomunicaciones, pero terminó viendo claro que lo suyo estaba en la obra, un mundo que conocía por tradición familiar.
El aprendizaje, insiste, no llega de un día para otro. Al principio uno se pierde, se cansa y observa a los oficiales. Después, poco a poco, aprende hasta que puede quedarse solo en una tarea.
Ahí está una de las claves del relevo. La construcción no necesita únicamente manos, sino tiempo para formar a esas manos. Un buen albañil aprende medidas, materiales, tiempos, acabados, seguridad y soluciones que no siempre aparecen en un manual.
Santiago defiende también otros oficios tradicionales. En Sector Oficios habló de fontanería, electricidad, pintura, albañilería o carpintería como trabajos “de toda la vida” que se están perdiendo y que necesitan volver a hacerse visibles.
Incluso ha creado un grupo de WhatsApp con jóvenes del sector para resolver dudas, compartir experiencias y acompañar a quienes empiezan. Es una red pequeña, pero refleja algo importante: todavía hay jóvenes interesados, aunque cueste encontrarlos.
La demanda existe. En los primeros meses de 2026, los albañiles encabezaron las ocupaciones con más contratos dentro de la construcción, con 42.245, por delante de peones de edificios, electricistas, encofradores y otros perfiles.
También hay un intento institucional de cambiar la imagen del sector. La Fundación Laboral y el Ministerio de Vivienda lanzaron en 2026 la campaña Construcción. Ahora sí, dirigida especialmente a jóvenes y mujeres.
La campaña busca mostrar una construcción más moderna, con digitalización, innovación, industrialización y nuevas oportunidades profesionales. El reto es derribar el estereotipo de un sector solo duro, viejo y sin futuro.
Santiago cree que la escasez puede acabar teniendo una consecuencia paradójica. “Cuando no haya nadie, vamos a estar solos y se va a ganar mucho dinero en la construcción”, advirtió en el pódcast.
Su pregunta no habla solo de salarios. Habla de quién transmitirá un oficio que se aprende con años de obra, errores, práctica y maestros cerca. Si el relevo llega tarde, no se perderán solo trabajadores: se perderá conocimiento.
Dentro de veinte años seguirá haciendo falta vivienda, rehabilitación, reformas, mantenimiento, fontanería, electricidad y carpintería. La duda de Santiago es quién estará allí para hacerlo cuando quienes hoy saben construir hayan dejado definitivamente la obra.
