J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Los grandes incendios forestales que afectan a Ávila, Madrid, Toledo y Castellón continúan poniendo al límite los dispositivos de emergencia. Mientras miles de personas permanecen evacuadas o confinadas, los especialistas advierten de que España se enfrenta a una nueva generación de fuegos cuya intensidad supera la capacidad habitual de extinción.

El incendio originado en Ávila, que terminó uniéndose al de la sierra suroeste de Madrid y extendiéndose hacia Toledo, sigue sin estar estabilizado. Aunque algunas zonas permanecen bajo control, las rachas de viento de hasta 30 kilómetros por hora continúan dificultando el trabajo de los equipos desplegados.

La situación tampoco mejora en Castellón. El incendio declarado en La Vall d'Uixó continúa activo tras avanzar hasta el parque natural de la Sierra de Espadán. Entre todos los focos abiertos, alrededor de 100.000 personas permanecen evacuadas o confinadas como medida preventiva ante la evolución del fuego.

Para Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería Forestal y Cambio Global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnio, estos episodios representan un cambio de escenario. El experto sostiene que ya hemos entrado en una etapa marcada por incendios extremadamente difíciles de extinguir.

Según explica, "Nadie está preparado para enfrentarse con incendios que tienen la potencia de 23 bombas atómicas, que es la energía de este complejo de incendios", tal y como ha explicado a Science Media Centre (SMC).

Nuevos incendios

Esa intensidad responde a la enorme biomasa acumulada en los montes, unida a una atmósfera cada vez más seca como consecuencia del uso continuado de combustibles fósiles y agravada por condiciones meteorológicas adversas.

Resco recuerda que hace apenas unos días ya advertía sobre la llegada de megaincendios capaces de superar las 100.000 hectáreas. El complejo de Burgohondo, que ronda las 70.000 hectáreas, se ha convertido ya en el incendio más grande registrado recientemente en la península ibérica.

El investigador rechaza que la sociedad deba resignarse a convivir con estos episodios. A su juicio, todavía es posible reducir su impacto mediante políticas de prevención, una adecuada gestión forestal y actuaciones destinadas a disminuir el combustible vegetal acumulado en los montes españoles.

Cuando un incendio supera la capacidad de extinción, explica, los equipos centran sus esfuerzos en aquellas zonas donde todavía resulta posible actuar, como los flancos o la cola del fuego. En determinadas circunstancias, incluso los propios bomberos deben retirarse para preservar su seguridad.

El experto considera además que España puede mejorar su respuesta incorporando más analistas de incendios, especialistas en planificación y responsables logísticos dentro de los puestos de mando. Sin embargo, insiste en que ninguna mejora organizativa será suficiente si no se reduce previamente el combustible acumulado.