La vida de Salva Orellana cambió antes de alcanzar la mayoría de edad. La muerte de su madre a causa de un cáncer alteró por completo la situación familiar y le obligó a incorporarse al mercado laboral cuando apenas tenía 17 años.
"Me puse a currar porque mi padre no podía tirar con los dos", recuerda en una entrevista que le realizaron el pódcast Sector Oficios. Su padre percibía una pensión mínima y no podía afrontar solo los gastos del hogar.
Ante aquella realidad, el joven sevillano decidió dejar de pensar únicamente en su formación para contribuir económicamente al sustento familiar desde los primeros años de su vida adulta.
Los primeros empleos llegaron en la hostelería, aunque pronto comprendió que necesitaba aprender un oficio que le ofreciera mayores oportunidades.
Esa decisión le llevó a estudiar electromecánica mientras simultaneaba las clases con jornadas laborales en diferentes talleres especializados del sector.
El emprendimiento en España
Aquella etapa estuvo marcada por un ritmo exigente. Tras finalizar las clases, apenas tenía tiempo para comer antes de incorporarse al trabajo. La experiencia acumulada y el esfuerzo diario terminaron abriéndole paso hasta asumir responsabilidades como jefe de taller durante varios años.
Pese a esa evolución profesional, Salva sentía que sus posibilidades de crecimiento comenzaban a agotarse.
Fue entonces cuando el mundo de la electricidad despertó su interés y decidió reinventarse una vez más para ampliar conocimientos en instalaciones industriales y automatización eléctrica especializada.
Su formación continuó con el aprendizaje de cuadros eléctricos, instalaciones trifásicas y sistemas automatizados.
Más adelante descubrió el sector fotovoltaico durante un proyecto compartido con instaladores especializados, una experiencia que despertó una nueva inquietud profesional y modificó definitivamente sus planes laborales futuros.
Convencido de que debía prepararse mejor, invirtió recursos propios en un curso especializado y obtuvo la certificación necesaria para trabajar como instalador de sistemas fotovoltaicos. Aquella apuesta económica representó un riesgo, pero también abrió nuevas puertas para desarrollar su carrera profesional.
La oportunidad de trabajar en Alemania apareció gracias al contacto con un compañero conocido durante esa formación. El profesional alemán puso en marcha una empresa dedicada a instalaciones solares y le ofreció incorporarse con unas condiciones salariales muy superiores.
El cambio resultó inmediato. Mientras en España percibía alrededor de 1.600 euros mensuales, en Alemania comenzó cobrando más incluso durante un mes incompleto. Posteriormente sus ingresos habituales oscilaron entre los 3.000 y los 3.200 euros dependiendo de la carga laboral.
Además del aspecto económico, Salva encontró diferencias en la forma de abordar las instalaciones solares. Según explica, el mercado alemán suele apostar por soluciones energéticas integrales que priorizan la autonomía del consumidor, mientras que en España predominan planteamientos más sencillos centrados únicamente en la instalación.
La mejora económica permitió acelerar unos planes que inicialmente contemplaban permanecer varios años más en el extranjero. El ahorro acumulado, unido al crecimiento de su actividad en redes sociales, le animó finalmente a regresar antes de lo previsto para emprender en España.
Hoy dirige su propia empresa especializada en instalaciones fotovoltaicas y asegura haber igualado durante su primer mes como autónomo los ingresos netos que obtenía trabajando en Alemania. Aunque reconoce que el emprendimiento implica jornadas más largas y mayor incertidumbre, considera que construir un proyecto propio representa una oportunidad por la que merece la pena seguir apostando.
