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Las claves

El Grupo OCP, gigante de Marruecos que gestiona las reservas de fosfatos, ha completado con éxito la primera fase de su ambicioso plan de soberanía hídrica. Ante la sequía histórica que castiga al norte de África, la corporación ha desconectado sus principales complejos mineros de la red de agua dulce del país.

Mediante una inversión multimillonaria, el lavado y procesamiento del mineral clave para los fertilizantes globales se realiza ahora de forma exclusiva con aguas residuales depuradas y agua de mar desalinizada, garantizando la continuidad de su motor económico.

La clave del éxito de este modelo radica en la integración de las infraestructuras urbanas e industriales. Ciudades mineras del interior canalizan la totalidad de sus aguas residuales hacia plantas de tratamiento avanzado de última generación.

Una vez purificada, el agua es bombeada directamente a las explotaciones mineras, liberando los acuíferos locales para el consumo de la población y la agricultura, y logrando que el agua regenerada cubra ya una parte sustancial de la demanda industrial.

Marruecos se blinda ante la sequía

Esta reconversión industrial se enmarca dentro del Plan Nacional del Agua de Marruecos, una estrategia gubernamental a gran escala que busca la neutralidad hídrica para el año 2030.

Además del reciclaje para uso minero, el país ejecuta una agresiva expansión en desalinización masiva alimentada por energías renovables en polos costeros como Safi. El objetivo final, cómo no, es que más del 60% del agua potable de sus principales ciudades provenga del mar en la próxima década, mitigando así el déficit crónico de sus embalses.

El despliegue tecnológico de nuestro país vecino ha despertado un gran interés en el sector de la ingeniería europea, reutilizando más del 11% de sus recursos.

Sin embargo, mientras el modelo español destaca por la madurez de su red descentralizada orientada principalmente al regadío agrícola, la estrategia de Marruecos resalta por una centralización masiva de capital estatal dirigida a blindar la industria pesada, ofreciendo un caso de estudio global sobre resiliencia climática.

Esto demuestra que una crisis climática puede acelerar, también, la innovación y reconfigurar las prioridades industriales de una nación. Al convertir las aguas residuales y la desalinización en el núcleo de su producción pesada, Marruecos salva su sector económico más estratégico y sienta un precedente sobre la urgencia de desvincular el crecimiento industrial del consumo de agua dulce.

Habrá que ver cómo evoluciona toda esta gran estrategia y si Marruecos logra cumplir todos sus objetivos con el paso de los años, antes de que acabe la década.