El calor extremo ya no es solo una molestia para quien pasa una tarde en la calle. Para albañiles, agricultores, jardineros, repartidores u operarios de carretera, las horas centrales del día pueden convertirse en una prueba física difícil de sostener.
Francisco Javier Tapiador, catedrático de Física de la Tierra en la Universidad de Castilla-La Mancha, lo ha expresado en una entrevista con Actualidad de Diario AS con una frase muy clara: “El calor a mediodía se está haciendo insoportable para trabajos al aire libre”.
La advertencia no habla de una incomodidad pasajera. Describe una realidad que muchos trabajadores conocen bien: jornadas en las que el sol cae sobre el asfalto, el hormigón o el campo, mientras el cuerpo intenta seguir rindiendo.
Tapiador recuerda además que el problema no está solo en las máximas. También suben las mínimas, y eso significa noches peores, menos descanso y trabajadores que llegan al día siguiente sin haberse recuperado del esfuerzo anterior.
El riesgo tampoco se mide únicamente con los grados del termómetro. La humedad, la radiación solar, el viento, la ropa de trabajo, el tipo de tarea y el esfuerzo físico modifican por completo la sensación térmica real.
Sed intensa, dolor de cabeza y cansancio
No es lo mismo caminar por una calle que cargar sacos, manejar herramientas, trabajar sobre una cubierta o usar prendas de protección. En esos casos, el cuerpo genera más calor interno y tiene más dificultades para expulsarlo.
Los primeros avisos pueden parecer menores: sed intensa, dolor de cabeza, cansancio raro, calambres, mareos o debilidad. Pero si la exposición continúa, el cuadro puede avanzar hacia agotamiento térmico y, en los casos graves, golpe de calor.
El golpe de calor es una emergencia médica. Puede provocar confusión, desorientación, pérdida de conciencia y daños en distintos órganos. No es “pasar calor”, ni “estar flojo”, ni una exageración de verano: puede ser mortal.
España llega a este escenario con un clima cada vez más exigente. AEMET señaló que 2024 fue el tercer año más cálido desde 1961, con tres olas de calor y numerosos récords diarios de temperaturas elevadas.
El problema es que el calor ya no aparece solo en episodios muy concretos. Los años cálidos se acumulan en este siglo, el verano se alarga y las noches tropicales o tórridas hacen que el cuerpo tenga menos margen para recuperarse.
También aumenta el riesgo de accidente. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo advierte de que el calor reduce la concentración, la coordinación y la destreza manual. En una obra o en una carretera, eso importa mucho.
Por eso la prevención no puede limitarse a repartir agua. Hacen falta sombras, pausas frecuentes, zonas frescas, ropa adecuada, rotación de tareas, vigilancia de síntomas y una organización distinta de los trabajos más duros.
Cambiar horarios puede ser decisivo. Las tareas de mayor esfuerzo deberían hacerse a primera hora de la mañana siempre que sea posible, evitando el tramo central del día, cuando coinciden la radiación más intensa y las temperaturas más altas.
La normativa española ya obliga a evaluar los riesgos meteorológicos en trabajos al aire libre. Cuando no pueda garantizarse una protección suficiente, las empresas deben adaptar tareas, reducir exposición o modificar la duración de la jornada.
La frase de Tapiador pone nombre a algo que el cuerpo ya estaba diciendo. Trabajar al aire libre en pleno verano no puede planificarse como antes. El calor exige otros ritmos, otros descansos y otra forma de proteger a quienes no pueden refugiarse bajo techo.
