J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Elsa Trujillo abandonó la residencia de Urología cuando todavía le quedaban tres años para terminar la especialidad. Decidió poner fin a una etapa que había comenzado con ilusión tras comprobar que la realidad del trabajo no se parecía a la idea que tenía de él.

Su experiencia, que ha compartido públicamente, pone el foco en la salud mental de los profesionales sanitarios y en la importancia de tomar decisiones pensando en el bienestar personal.

Después de estudiar Medicina en Tenerife y superar el examen MIR en 2023, Elsa consiguió una plaza de Urología en un hospital de Galicia. Explica que eligió esta especialidad porque durante la carrera fue una de las asignaturas que más le gustó y disfrutó especialmente de las semanas de prácticas quirúrgicas realizadas en este servicio.

Sin embargo, asegura que descubrir una especialidad desde las aulas es muy diferente a ejercerla en el día a día. Durante el primer año realizó rotaciones por distintos servicios y comenzó a asumir guardias con una responsabilidad que, según relata, le hizo sentirse insegura desde el principio.

Uno de los aspectos que más le preocupó fue tener que afrontar guardias prácticamente sola cuando todavía apenas había recibido formación práctica en Urología. Aunque podía consultar con médicos adjuntos, reconoce que la presión por tomar decisiones importantes terminó generándole un elevado nivel de ansiedad.

Nuevos comienzos

La situación empezó a cambiar cuando, tras una jornada de descanso inesperada, se dio cuenta de que llevaba tiempo sin disfrutar de su trabajo. Relata que acudía al hospital por obligación, había perdido la motivación y se encontraba emocionalmente apagada, aunque seguía disfrutando de su vida personal.

Ante ese malestar decidió acudir a terapia psicológica. No obstante, explica que los síntomas fueron empeorando hasta que vivió un episodio especialmente duro al atender a un paciente muy grave.

En ese momento sintió que era incapaz de actuar con la serenidad que exigía la situación y terminó cogiendo una baja médica.

Durante ese periodo comenzó tratamiento con medicación y continuó con la terapia, un proceso que considera determinante para comprender lo que estaba ocurriendo.

Gracias a ese trabajo personal decidió regresar temporalmente a la residencia para comprobar si realmente quería continuar con su formación. El regreso solo confirmó las dudas que llevaba meses arrastrando.

Apenas una semana después volvió a sentir que aquella vida profesional no encajaba con sus expectativas ni con los valores que había identificado como prioritarios para su futuro. Finalmente presentó su renuncia cuando estaba terminando el segundo año de residencia.

Explica que muchas personas le recomendaron acabar la especialidad, pero entendió que invertir otros tres años en una profesión a la que no quería dedicarse supondría prolongar un sufrimiento innecesario.

La médica insiste en que su decisión no responde a que la Urología sea una mala especialidad. Al contrario, considera que es muy completa tanto desde el punto de vista médico como quirúrgico.

Simplemente concluyó que no era la vida profesional que imaginaba y prefirió cambiar de rumbo antes que continuar por un camino que ya no sentía como propio.