Las gatas blancas, negras y naranjas llegan a la consulta con una fama que las precede. El experto Carlos Gutiérrez reconoce que, cuando las ve aparecer dentro del transportín, el equipo veterinario presta algo más de atención antes de comenzar la exploración.
"Cuando los vemos aparecer en la consulta, nos hace estar un poco más alerta, un poco más en guardia", explica el veterinario en un vídeo del canal Mascotas y Familias Felices.
Gutiérrez habla desde su experiencia clínica y describe a estos animales como algo más ariscos, independientes y menos tolerantes a la manipulación. También reconoce que "esto depende mucho del propio gato".
La fama de las gatas tricolores y carey tiene incluso un nombre popular en inglés. Tortitude es un juego entre tortoiseshell, "carey", y attitude, "actitud". Algunos estudios han encontrado diferencias de comportamiento, aunque el color no permite saber cómo será un animal concreto.
Una investigación publicada en Journal of Applied Animal Welfare Science preguntó a los propietarios por el comportamiento de sus gatos durante la convivencia diaria, la manipulación y las visitas al veterinario.
Después de analizar 1.274 cuestionarios, los autores observaron que las hembras carey, calicó y atigradas con manchas naranjas eran descritas con mayor frecuencia como agresivas hacia las personas. Entre las conductas recogidas aparecían bufidos, arañazos, mordiscos y manotazos.
Las diferencias resultaron menos claras durante la manipulación y las visitas veterinarias. También aparecieron asociaciones con otros pelajes, como el blanco y negro o el gris y blanco, aunque las variaciones entre los grupos eran pequeñas.
El trabajo ofrece cierto respaldo a la experiencia que cuenta Gutiérrez, pero se basó en las respuestas de los propietarios a una encuesta en internet. Los investigadores no observaron directamente la conducta de los gatos.
Las expectativas de cada cuidador también pueden influir. Quien ya ha oído que las gatas carey tienen un carácter difícil puede recordar mejor un bufido o un arañazo y prestar menos atención a sus momentos tranquilos.
Otro estudio con 574 gatos de raza encontró que casi todas las asociaciones entre la apariencia y el comportamiento se explicaban mejor por las diferencias propias de cada raza que por el color del pelo.
Una investigación posterior con más de 2.500 cuidadores tampoco halló una relación entre el manto y los problemas de conducta. Vistos en conjunto, los trabajos no permiten utilizar el color como un predictor fiable del carácter.
Por qué casi todas son hembras
Una gata tricolor puede ser defensiva, tranquila, cariñosa o muy sociable. Su respuesta dependerá también de la genética, la socialización, el entorno, las experiencias anteriores y la forma en que se la manipule.
Los gatos tricolores suelen combinar blanco, negro y naranja. En los carey, los tonos negros y anaranjados aparecen mezclados, mientras que en los calicó forman manchas más delimitadas sobre una base blanca.
La genética explica por qué casi siempre hablamos de gatas. La información relacionada con el pigmento naranja se encuentra en el cromosoma X. Como las hembras tienen dos, pueden heredar una variante naranja en uno y otra oscura en el segundo.
Durante el desarrollo, cada célula desactiva al azar uno de esos cromosomas X. Algunas zonas producen pelo naranja y otras, negro. Las áreas blancas aparecen por otro mecanismo genético que impide que el pigmento llegue a determinados lugares.
Dos investigaciones publicadas en 2025 relacionaron el pelaje naranja con una pequeña deleción en la región del gen ARHGAP36, ligada al cromosoma X. El cambio modifica la actividad del gen en los melanocitos, las células que producen el pigmento.
El hallazgo resolvió un misterio genético que llevaba más de un siglo abierto. Los estudios explicaron cómo se forma el color, pero no analizaron la personalidad, por lo que no permiten atribuir el carácter al pelaje.
Los machos tricolores existen, aunque son excepcionales. Algunos tienen dos cromosomas X y uno Y, una configuración comparable al síndrome de Klinefelter, y suelen ser estériles. También pueden aparecer por otros mecanismos genéticos poco frecuentes.
Salir de casa, entrar en un transportín y llegar a un lugar lleno de olores desconocidos supone un cambio enorme. Después llegan las voces, la mesa de exploración y unas manos que intentan tocar o sujetar al animal.
Gatos a la defensiva
Las guías internacionales para clínicas felinas recuerdan que encontrarse fuera del territorio conocido puede despertar miedo y estrés. Un gato tranquilo en casa puede bufar, esconderse o intentar escapar cuando llega al veterinario.
GEMCA, el grupo de comportamiento de AVEPA, lo expresa con claridad. “Un gato con miedo puede reaccionar con agresividad”. El bufido, el manotazo o la mordida buscan entonces aumentar la distancia frente a algo que percibe como una amenaza.
Por eso resulta más útil conocer la historia del animal que fijarse únicamente en su pelaje. El dolor, las visitas anteriores, la forma de transportarlo y el tipo de manipulación ofrecen mucha más información antes de comenzar la exploración.
Las recomendaciones actuales aconsejan reducir el ruido, permitir que el gato salga del transportín a su ritmo y evitar una sujeción excesiva. Cuanto menos acorralado se sienta, menos necesidad tiene de defenderse.
También ayuda dejar el transportín abierto en casa, colocar dentro una manta conocida y acostumbrarlo poco a poco. Si las visitas anteriores fueron complicadas, conviene avisar antes para que el equipo prepare una atención adaptada.
Un cambio brusco de carácter tampoco debería atribuirse al color. Si una gata que aceptaba el contacto comienza a bufar, esconderse o rechazar las caricias, puede haber dolor, enfermedad o una nueva fuente de estrés.
Los tres colores cuentan una historia genética fascinante y explican por qué casi todos estos animales son hembras. Su carácter, en cambio, necesita una mirada individual. La propia Greta mencionada por Gutiérrez rompe el tópico. Según el veterinario, “es súper buena”.
