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Las claves

Durante el presente mes de julio, España ha estado afrontando varias semanas de calor intenso; sin embargo, la situación atmosférica podría dar un importante giro a partir del fin de semana. El meteorólogo Samuel Biener ha explicado en Meteored que un chorro polar se reforzará y descenderá de latitud, favoreciendo así la llegada de aire más frío a las capas más altas de la atmósfera, dando como consecuencia un descenso generalizado de la temperatura.

Según explica Biener, por desgracia, antes de este drástico cambio, España deberá soportar una nueva intensificación de calor con temperaturas que superarán los 40ºC en diversas zonas del centro, sur y noreste peninsular, llegando incluso a los 45ºC en zonas del sureste. En algunos puntos del Mediterráneo, Baleares y Andalucía, las mínimas nocturnas seguirán por encima de los 25ºC.

Como comentábamos, antes de que se produzca este chorro polar, la AEMET confirma que persistirán las altas temperaturas y fuertes tormentas locales, llegando a acompañarse de granizo e intensas rachas de viento. Esta combinación de calor, baja humedad y tormentas secas o con escasas precipitaciones sería la combinación perfecta para aumentar el riesgo de incendios.

Qué es un chorro polar

Respecto al mencionado "chorro polar", este evento implica una corriente estrecha de intensos vientos que circula de oeste a este a unos 9-16 km de altitud, llegando a alcanzar velocidades superiores a los 200 km/h y actuando como una especie de "autopista atmosférica" que dirige las borrascas, los frentes y las masas de aire.

La AEMET recuerda que esta corriente es fundamental para comprender el tiempo en las latitudes medianas: cuando circula de forma relativamente rectilínea, las perturbaciones avanzan con rapidez de oeste a este; sin embargo, cuando se ondula, puede dar lugar a grandes meandros que permiten que el aire cálido ascienda hacia el norte y que el aire frío descienda hacia latitudes más meridionales.

Y precisamente esto es lo que se espera que ocurra durante el próximo fin de semana. El fortalecimiento y descenso del chorro desplazaría las altas presiones hacia el sur y facilitaría el paso de una vaguada (una lengua de aire frío en altura) sobre nuestra península. Si esa vaguada termina aislándose, podría dar lugar a una DANA. Sin embargo, cabe destacar que un chorro polar no garantiza por sí solo que se produzcan lluvias abundantes en todo el país.

La intensidad y distribución de las tormentas dependerá de muchos factores: la trayectoria exacta de la perturbación, la humedad disponible y la temperatura del Mediterráneo, entre otros. De momento los modelos pueden anticipar un cambio general del patrón, pero no está claro en qué regiones se producirán precipitaciones más intensas.

El efecto más probable será una bajada de temperaturas y, en algunas zonas, el contraste podría ser significativo. Asimismo, la entrada de aire frío en altura sobre una superficie previamente sobrecalentada aumentaría la inestabilidad y daría lugar a tormentas con granizo, fuertes rachas de viento e intensas precipitaciones.

En este sentido, la evidencia confirma que la posición y las ondulaciones del chorro atlántico condicionan gran parte de los últimos episodios extremos europeos. Como ejemplo, una reconstrucción de 600 años realizada a cargo de la Universidad de Berna relaciona sus desplazamientos con sequías, olas de calor, inundaciones y malas cosechas en Europa.

Aun así, la relación entre el calentamiento global y el comportamiento ondulado del chorro sigue siendo objeto de debate científico hoy en día. La evidencia es mucho más sólida respecto a otros fenómenos: el cambio climático está elevando la temperatura de base e intensificando las olas de calor. En este aspecto, la Organización Meteorológica Mundial confirma que Europa es el continente que se calienta con mayor rapidez.

Así pues, no sería una contradicción que España pase de un calor extremo a un ambiente fresco e inestable en apenas unos días. De hecho, este drástico cambio no sería más que otra demostración del papel del chorro polar como gran regulador de la circulación atmosférica. Pero, por el momento, la magnitud del cambio dependerá de las próximas actualizaciones de los modelos.