Cada vez resulta más complicado encontrar profesionales especializados para trabajos de carpintería, fontanería o electricidad. Esa escasez empieza a hacerse evidente y, según muchos trabajadores del sector, acabará cambiando la percepción social sobre los oficios tradicionales.
Durante una conversación en el podcast Sector Oficios Podcast, el carpintero Rubén reflexionó sobre el reconocimiento que reciben quienes desempeñan trabajos manuales. A su juicio, ese cambio llegará, aunque probablemente cuando la falta de profesionales sea mucho más acusada.
El carpintero considera que la sociedad ya comienza a notar las consecuencias de la escasez de trabajadores cualificados. Cree que llegará un momento en el que apenas queden especialistas y entonces se comprenderá realmente la importancia que tienen estos oficios.
Con cierto tono irónico, Rubén aseguró que habrá problemas que ninguna inteligencia artificial podrá resolver. En su opinión, por mucho que alguien pregunte a herramientas tecnológicas cómo reparar una avería, seguirá siendo imprescindible contar con un profesional experimentado.
Durante el debate también se abordó la pérdida de habilidades prácticas entre las nuevas generaciones. Los participantes comentaron que cada vez es más habitual encontrar personas que no saben realizar tareas domésticas tan sencillas como colocar un cuadro correctamente.
Reconocimiento social
Más allá de esas destrezas cotidianas, Rubén insistió en que su principal reivindicación pasa por el reconocimiento social. Le gustaría que decir "soy carpintero" despertara un respeto similar al que reciben otras profesiones asociadas a estudios universitarios.
Aunque reconoce la especial relevancia de ámbitos como la sanidad o la educación, considera que muchos trabajadores de la construcción acumulan una experiencia equivalente a años de formación. En su caso, afirma que una década trabajando en obra ha sido su verdadera universidad.
El carpintero recordó además un consejo que le repetía su abuelo. Según explicaba, por cada arquitecto hacen falta decenas de obreros para convertir un proyecto en realidad, porque sin quienes ejecutan el trabajo los planos no pueden materializarse.
Esa reflexión dio paso a otro asunto que, según Rubén, sigue siendo habitual. Explicó que arquitectos o decoradores, en ocasiones, no permiten que los profesionales que han ejecutado una obra compartan públicamente el resultado porque consideran el proyecto exclusivamente suyo.
Para el carpintero, esa situación demuestra que todavía queda camino por recorrer en el reconocimiento de quienes hacen posible cada construcción. Defiende que el mérito debería repartirse entre todos los profesionales implicados y no únicamente entre quienes firman el diseño.
