Meryl Streep, una de las actrices más premiadas del cine, ha compartido en varias ocasiones que durante su juventud estuvo a punto de dejar escapar su vocación por culpa de las inseguridades.
Cuando estudiaba en Vassar College, Streep participaba habitualmente en obras de teatro, pero no imaginaba que pudiera dedicarse profesionalmente a la interpretación. La actriz confesó que consideraba la profesión demasiado vanidosa y, además, estaba convencida de que su aspecto físico suponía un obstáculo insalvable para triunfar.
Entre las razones que alimentaban esas dudas estaba una percepción muy negativa de su propia imagen. Meryl Streep llegó a pensar que era "demasiado fea para ser actriz" y recordaba que, en aquella época, llevar gafas tampoco ayudaba a cumplir con los cánones de belleza que predominaban en la industria.
La intérprete hizo estas reflexiones durante una ceremonia celebrada en la Universidad de Indiana Bloomington, donde recibió un doctorado honoris causa en 2014. El reconocimiento destacaba tanto su extraordinaria trayectoria artística como su papel como defensora de las mujeres y referente dentro del mundo de la cultura.
Tras recibir el galardón, Streep aprovechó su intervención para lanzar un mensaje especialmente dirigido a las nuevas generaciones de intérpretes. Su principal consejo fue dejar de conceder tanta importancia al aspecto físico y centrar la atención en desarrollar el talento y la personalidad.
Atención al talento
La actriz aseguró que muchas jóvenes dedican demasiado tiempo a preocuparse por su peso, cuando existen cuestiones mucho más importantes en las que invertir esa energía. Considera que la obsesión por cumplir determinados estándares puede convertirse en una barrera innecesaria para alcanzar cualquier objetivo personal o profesional.
Su reflexión también se extendió a los hombres. Según explicó, aquello que hace que una persona parezca diferente, extraña o fuera de lo habitual puede convertirse precisamente en su mayor fortaleza. Como ejemplo, recordó que durante años detestó su nariz, aunque con el tiempo aprendió a aceptarla sin complejos.
Además de hablar sobre la autoestima, Meryl Streep también abordó los prejuicios relacionados con la edad dentro de la industria cinematográfica. Recordó que al cumplir 40 años llegó a recibir tres ofertas para interpretar brujas durante un mismo verano, lo que le hizo pensar que su carrera estaba llegando al final.
Sin embargo, la realidad terminó siendo muy distinta. La actriz explicó que sus mayores éxitos llegaron más adelante y que el público fue demostrando una actitud menos condicionada por la edad de las intérpretes.
Esa evolución le permitió seguir construyendo una carrera brillante y consolidarse como uno de los grandes nombres del cine mundial.
