Encontrar la vocación desde muy joven no es habitual, pero Diego Martí asegura que tuvo claro cuál sería su futuro mucho antes de alcanzar la mayoría de edad. El albañil valenciano recordó en el podcast Sector Oficios Podcast cómo descubrió su pasión por la construcción tras una experiencia familiar.
Martí explicó que comenzó a trabajar de manera definitiva a los 15 años junto a su padre, propietario de una pequeña empresa de reformas. Aunque la normativa establecía que debía continuar estudiando hasta los 16 años, él decidió abandonar el instituto porque tenía claro que prefería dedicarse al oficio.
Esa decisión provocó la intervención de los servicios sociales, que le reclamaron explicaciones por dejar de asistir a clase. Según relató, intentó explicar que quería incorporarse al mundo laboral, pero no encontró comprensión. Finalmente regresó al instituto con la intención de ser expulsado para poder marcharse definitivamente.
Albañil precoz
Sin embargo, el primer contacto con la construcción llegó mucho antes. Diego recordó que, con apenas 12 años, fue expulsado del colegio durante una semana por un incidente que, según explicó, se debió a un malentendido con una profesora. Su padre aprovechó ese castigo para llevarlo a trabajar.
El albañil considera que aquella decisión fue una forma adecuada de educarle. Aunque reconoce que entonces apenas podía realizar tareas exigentes por su edad, aquella semana le permitió descubrir el ambiente de la obra y confirmar que aquel trabajo le resultaba mucho más atractivo que permanecer en las aulas.
A partir de ese momento comenzó a imaginar su futuro lejos del instituto. Cuando finalmente cumplió 15 años y se incorporó a la empresa familiar, empezó desde la base, desempeñando las funciones propias de un peón y aprendiendo junto a distintos compañeros, una experiencia que considera muy enriquecedora.
También desveló que los primeros meses fueron especialmente duros. Con el paso del tiempo descubrió que su padre había pedido expresamente a los trabajadores que no le facilitaran el trabajo, con la intención de que terminara cansándose y decidiera regresar a los estudios.
Lejos de abandonar, Diego aguantó. Recordó jornadas moviendo bloques y preparando mortero hasta el punto de acabar agotado y con dificultades incluso para ponerse los zapatos. Aun así, aquella dureza reforzó su decisión de continuar en la construcción y seguir aprendiendo el oficio junto a su familia.
