J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Descubrir el propio valor profesional no siempre ocurre en el lugar donde uno empieza. Esa fue la experiencia de Selu Marín, carpintero de profesión, quien recuerda que abandonar el negocio familiar cambió completamente su percepción sobre sus capacidades.

Durante una entrevista en el podcast Sector Oficios Podcast, Selu explica que su pasión por la carpintería nació siendo un niño. Mientras muchos soñaban con convertirse en futbolistas, él disfrutaba con un pequeño banco de trabajo y herramientas que le regalaron.

Nada más terminar el colegio comenzó a trabajar en la empresa familiar. Sus primeras tareas consistían únicamente en lijar muebles, barrer el taller y ayudar en los trabajos más básicos, aunque su deseo siempre fue aprender mucho más.

Aprovechaba cualquier momento libre para experimentar por su cuenta. Cuando el oficial se ausentaba, utilizaba restos de madera y practicaba con las máquinas, movido por una enorme curiosidad y unas ganas constantes de mejorar como carpintero.

Ese entusiasmo contrastaba con una forma de enseñar que, según recuerda, resultaba extremadamente dura. Nunca recibía elogios ni reconocimiento por su trabajo, algo que terminó afectando seriamente a su autoestima durante aquellos primeros años profesionales.

Trabajo y autoestima

Selu asegura que llegó a convencerse de que únicamente servía para lijar. Escuchar continuamente críticas y no recibir nunca una palabra de ánimo provocó que creyera realmente que no tenía las cualidades necesarias para ejercer el oficio.

Con 24 años decidió abandonar el taller familiar y trasladarse a Lucena, donde consiguió empleo en varias carpinterías antes de incorporarse a una importante fábrica especializada en muebles de cocina, una experiencia que amplió notablemente sus conocimientos técnicos.

Fue precisamente trabajando junto a personas que no le conocían donde descubrió que su rendimiento hablaba por sí solo. Allí comprobó que era un trabajador más, valorado exclusivamente por los resultados y la calidad de su trabajo.

Ese cambio también mejoró sus condiciones laborales. Pasó de cobrar alrededor de 600 euros mensuales en la empresa familiar a duplicar prácticamente su salario, además de conocer unas jornadas organizadas y derechos laborales que hasta entonces desconocía.

Con el tiempo decidió regresar al negocio familiar buscando mantener una buena relación con los suyos. Sin embargo, considera que salir de aquel entorno fue decisivo para comprender que nunca había sido el inútil que llegó a creer.

Actualmente defiende que la carpintería exige aprender continuamente. Gracias a internet, las redes sociales y el intercambio de conocimientos entre profesionales, afirma que cualquier artesano puede seguir evolucionando, independientemente de los años de experiencia que acumule.