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Las claves

Pedraza vuelve a sonar con nombre propio. La villa segoviana, una de las grandes escapadas medievales de Castilla y León, ha encontrado una nueva vida cultural desde que Santiago Segura, José Mota y Luis Álvarez compraron su castillo.

La operación se cerró en 2024 y tenía una intención clara: convertir la fortaleza en un foco cultural, con visitas, espectáculos, conciertos y eventos dentro de un recinto histórico del siglo XIII declarado Bien de Interés Cultural.

El proyecto ha devuelto el castillo al foco mediático, pero Pedraza ya tenía atractivo de sobra. La villa conserva calles empedradas, casonas blasonadas, una plaza porticada, restos defensivos y una imagen casi intacta de pueblo cerrado sobre roca.

El contraste lo refuerza su tamaño. Esta localidad contaba con 335 habitantes censados en 2025, una cifra mínima para un municipio capaz de atraer visitantes por su patrimonio, su gastronomía y su estampa de villa amurallada.

Pedraza se entiende mejor caminando. La entrada por la Puerta de la Villa marca el paso a otro ritmo: dentro, el casco histórico se ordena entre piedra, fachadas nobles y calles que conducen hacia la Plaza Mayor.

Comprado en 1926

Esa plaza es una de sus postales más reconocibles. Irregular, porticada y rodeada de casonas de los siglos XVI y XVII, recuerda el esplendor que alcanzó Pedraza gracias a la lana, la ganadería merina y el comercio.

El castillo añade la pieza más cinematográfica. No cuesta entender por qué Segura, Mota y Álvarez se fijaron en una fortaleza así: tiene escala, misterio, patios, torres y una posición visual que domina todo el conjunto.

La nueva etapa arranca con una ambición muy concreta. Su primer gran evento “Los secretos del castillo”, una experiencia de magia e historia dirigida por Jorge Blass, con funciones limitadas durante julio y agosto.

La idea no parte de cero. En el siglo XX, Ignacio Zuloaga ya reforzó el aura artística del castillo al comprarlo en 1926, instalar allí su taller y vincular la fortaleza a su obra y a su legado.

Pedraza funciona porque no es solo un decorado medieval. Es una villa sobre promontorio, con lógica defensiva, una única entrada monumental y un casco urbano que todavía conserva una sensación de recinto cerrado y protegido.

La escapada puede completarse con una percha natural potente: las Hoces del Río Duratón. El parque, declarado en 1989, está clasificado como Zona de Especial Protección para las Aves y reúne alrededor de 130 especies.

Su imagen más famosa es el buitre leonado. La Junta de Castilla y León situó la colonia del parque en 729 parejas, una cifra que explica por qué estas aves dominan los cortados calizos del Duratón.

La combinación es perfecta para una ruta de fin de semana. Por la mañana, castillo, murallas, Plaza Mayor y calles de piedra; por la tarde, cañones fluviales, miradores, roquedos y buitres planeando sobre el río.