Las altas temperaturas que se están registrando en España no solo están poniendo en peligro la salud de las personas. También están arrasando con cultivos que, pese a ser propios de esta época del año, no están pudiendo soportar el calor extremo.
En algunos puntos del país los termómetros están superando los 40 ºC durante varias jornadas consecutivas, lo que está provocando escenas desoladoras para los agricultores españoles, con plantas que apenas florecen o deformes por las altas temperaturas.
El problema, en realidad, no es solo el pico de temperatura, sino la combinación de noches tropicales, viento sur muy seco y un suelo que pierde agua antes de que pueda aprovecharla el sistema radicular de las hortalizas.
Bajo estas condiciones, cultivos tradicionalmente robustos en clima atlántico, como las vainas o el tomate de mata, entran en estrés térmico. Su crecimiento se detiene entonces y se vuelven más vulnerables a plagas.
Entre incertidumbre y adaptación
La consecuencia inmediata es un desplome de la producción. El agricultor de 26 años Iñigo Aranburu ha visto cómo el calor extremo y la falta de lluvias han convertido parte de su huerta en un terreno improductivo.
"Gran parte no se ha podido aprovechar", reconoció recientemente a El Diario Vasco. Calcula que en lechugas habrá perdido 3.000 euros, mientras que en vainas podría haber perdido hasta 2.000 euros.
En las parcelas que habitualmente llenaba con lechugas de diferentes variedades, Aranburu muestra ahora filas desiguales, plantas oscurecidas y surcos donde la tierra aparece agrietada, sin humedad suficiente para sostener un ciclo normal de producción.
El joven agricultor explica que muchas lechugas se han quedado literalmente quemadas, sin posibilidad de recuperación, mientras que otras hortalizas, como las vainas, apenas han salido o lo han hecho con un calibre tan reducido que no compensa el coste de recolectarlas.
La cifra de 3.000 euros en pérdidas por lechugas es solo una parte del daño real, porque detrás de cada planta arruinada hay inversión en semillas, agua, tiempo de trabajo y combustible para maquinaria que esta campaña no se traducirán en ingresos.
Aranburu subraya que una explotación pequeña como la suya no puede absorber fácilmente ese golpe, pues la planificación anual se hace ajustando márgenes muy finos, y un verano adverso puede desbaratar la economía de todo el año, poniendo en cuestión incluso la continuidad del proyecto.
Las medidas adoptadas desde la administración evidencian cómo el clima está tensionando simultáneamente la seguridad de los montes y la viabilidad económica del sector primario, que ve menguar sus cosechas y aumentar sus costes de prevención.
Ante este escenario, Aranburu insiste en que la respuesta no puede limitarse a asumir las pérdidas, sino que exige replantear calendarios de siembra, sistemas de riego y seguros que contemplen olas de calor como un factor recurrente, y no excepcional, de la campaña.
