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Las claves

La imagen pública de Dwayne Johnson parece construida alrededor de la fortaleza y la fuerza. El actor, conocido anteriormente por ser un antiguo profesional de la lucha, pero más conocido hoy en día como 'The Rock', representa físicamente el estereotipo de hombre capaz de aguantarlo todo.

Sin embargo, detrás de esta apariencia digna de Hollywood, ha habido episodios de depresión, soledad y desesperanza. El mismo Johnson ha explicado que durante buena parte de su vida fue mejor escuchando a los demás que comunicando sus propios sentimientos.

Pero, con el tiempo, comprendió que reconocer el sufrimiento y pedir ayuda no es una debilidad: "Pedir ayuda es nuestro superpoder", como bien ha afirmado el conocido actor en una entrevista a la revista People.

Como continúa Johnson en sus declaraciones: "Los hombres, especialmente nosotros, caemos en la trampa de ser muy reacios a la vulnerabilidad, porque siempre queremos ser fuertes y sentir que podemos comernos el mundo".

Cómo evitar la vulnerabilidad

Sus reflexiones coinciden con lo que se ha observado en diversas investigaciones sobre salud mental masculina. Un ejemplo sería una revisión sistemática sobre masculinidad y búsqueda de ayuda publicada en 2016.

En ella se concluyó que una mayor adhesión a determinadas normas masculinas tradicionales (autosuficiencia extrema, control emocional o rechazo de la vulnerabilidad) se relacionarían con actitudes más negativas hacia la atención psicológica.

Por otro lado, otro metaanálisis más reciente, basado en 35 estudios, también sugirió que existiría una asociación entre estas normas, el autoestigma y una menor predisposición a pedir ayuda profesional.

Esto no significaría que la masculinidad sea perjudicial por sí misma. De hecho, la responsabilidad, perseverancia y el deseo de proteger a otras personas pueden ser recursos psicológicos positivos.

Sin embargo, el problema aparece cuando "ser fuerte" pasa a significar no expresar emociones, no reconocer límites propios o intentar resolver cualquier problema sin apoyo externo.

Por su parte, cabe destacar que una depresión no siempre se manifiesta con una tristeza evidente. Los criterios diagnósticos son idénticos para hombres y mujeres, no existe una enfermedad diferenciada y conocida como "depresión masculina".

Sin embargo, algunos hombres pueden exteriorizar su malestar mediante síntomas inespecíficos como irritabilidad, abuso de alcohol u otras sustancias, conductas de riesgo, agresividad, autoaislamiento o una dedicación compulsiva al trabajo, como comenta el mismo actor en sus declaraciones.

En este aspecto, otra revisión sistemática y metaanálisis sobre las diferencias en la expresión de la depresión encontró que los hombres suelen presentar con algo más de frecuencia un consumo problemático de alcohol y drogas, además de determinadas conductas de riesgo.

No obstante, las diferencias entre hombres y mujeres en este aspecto fueron pequeñas, y sería incorrecto asumir que todos los hombres manifiestan la depresión de esta forma.

En el caso del actor, él mismo ha relatado momentos críticos de su vida. Uno de ellos fue cuando se desvanecieron sus aspiraciones para convertirse en jugador profesional de fútbol americano, o cuando sufrió el profundo impacto de presenciar el intento de suicidio de su madre.

Durante aquellos periodos, explica, se sintió solo y sin saber hacia dónde dirigir su vida. Y precisamente el hecho de compartir estas experiencias puede tener efectos más allá de relatar su biografía personal. De nuevo, existe evidencia científica al respecto.

Una revisión sistemática sobre revelaciones de problemas de salud mental por parte de personajes famosos sugirió que este tipo de testimonios sí tienen efectos beneficiosos, ayudando a aumentar la conciencia social, cuestionando estereotipos y ofreciendo modelos de conducta que normalicen la búsqueda de ayuda.

Si bien es cierto que su influencia no sustituiría a las intervenciones sanitarias, sí podría facilitar que otras personas reconozcan su sufrimiento y su necesidad de pedir ayuda.

Como conclusión, cabe recordar que hablar sería solo el primer paso. Pedir ayuda puede significar confiar en un familiar o un amigo, pero también consultar con un médico, psicólogo o psiquiatra si los síntomas son persistentes o si interfieren en la vida cotidiana, especialmente si aparecen pensamientos de muerte.

Se sabe que el apoyo social es un factor protector y, como comenta el propio Johnson, es importante recordar que fortaleza y vulnerabilidad no son conceptos opuestos: admitir que algo no va bien exige saber identificar el problema, abandonar la necesidad de un control absoluto y permitirse pedir ayuda.