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Las claves

Un equipo de científicos de la Universidad de Stanford, coliderado por el genetista Christopher Kaelin, ha descubierto la mutación genética exacta responsable del color naranja en los gatos domésticos.

El estudio, publicado en la revista Current Biology, revela que este rasgo se debe a una alteración específica en el cromosoma X que activa el gen Arhgap36. Esta modificación bloquea por completo la producción de pigmentos oscuros en la piel del animal, dando paso al característico pelaje anaranjado que los distingue de otras especies de gatos.

El hallazgo sirve para explicar de forma más o menos definitiva por qué aproximadamente el 80% de los gatos naranjas son machos. Al estar directamente ligado al sexo, los machos, quienes poseen cromosomas XY, solo necesitan heredar una copia del gen mutado en su único cromosoma X para ser completamente de este color.

En contraste, las hembras, con cromosomas XX, requieren recibir la mutación de ambos progenitores. De lo contrario, si solamente heredan una copia, desarrollan un pelaje mixto conocido popularmente como calicó o carey.

El "caos amistoso" de estos gatos

La investigación también abordó la extendida reputación en redes sociales de los gatos naranjas como "agentes del caos", puesto que son popularmente conocidos por ser sumamente extravertidos, traviesos e incluso torpes en ocasiones.

Los análisis moleculares realizados en tejidos cerebrales, renales y hormonales demostraron que la mutación actúa de manera exclusiva en las células de la piel. Genéticamente, el color del pelaje no tiene ninguna relación con el temperamento, el nivel de inteligencia o el comportamiento del gato en cuestión, desmintiendo la creencia de que el color define personalidad.

Según explicó el mismo doctor Kaelin, la fama conductual de estos animales se debe en gran medida a que la mayoría de estos gatos son machos, que suelen manifestar rasgos de comportamiento más enérgico o territoriales.

A eso se suma un sesgo de percepción por parte de los cuidadores: al tratarse de un color tan llamativo y vibrante, resulta prácticamente imposible ignorar sus travesuras cotidianas en el hogar, lo que termina alimentando y consolidando el mito cultural en torno a su supuesta rebeldía.

En resumidas cuentas, el descubrimiento no solo resuelve un misterio estético que ha intrigado a la ciencia durante décadas, sino que también redefine la comprensión de la genética del desarrollo en esta clase de animales. El color de los gatos no tiene por qué afectar al comportamiento, pero entre las personas cambia su percepción.