Un reciente estudio en el ámbito de la veterinaria y la antrozoología confirma que los gatos tienen una gran capacidad para contagiarse emocionalmente, lo que les permite absorber directamente la ansiedad crónica y el estrés de sus tutores.
Lejos de la creencia popular de que son animales completamente independientes y desapegados, los gatos domésticos reaccionan de manera muy sensible al entorno humano. Los expertos señalan que las mascotas actúan como un espejo del estado psicológico de sus dueños, alterando su propio bienestar en función del clima emocional de sus hogares.
De acuerdo con los especialistas, los gatos no procesan el estrés de la misma manera que las personas, sino que lo somatizan a través de conductas destructivas y cambios drásticos de comportamiento.
El arañado compulsivo de muebles, la agresividad repentina y orinar fuera del arenero, por ejemplo, son algunas de las respuestas más comunes ante un ambiente tenso. Estas acciones no son maliciosas, sino manifestaciones físicas de una sobrecarga emocional que el animal no puede gestionar por sí mismo.
Un impacto directo en la salud
El impacto de la ansiedad transferida no se limita al comportamiento, sino que genera graves repercusiones en la salud física de, en este caso, los gatos. Si están expuestos a situaciones que les llevan a esa sobrecarga, los veterinarios garantizan un incremento de consultas por patologías.
Ante este tipo de situaciones es común que aparezcan la cistitis felina o la alopecia autoinfligida por sobreacicalamiento, ambas fuertemente vinculadas a altos niveles de cortisol. La exposición prolongada a un tutor estresado debilita el sistema inmunológico de los gatos, haciéndolo mucho más vulnerable a enfermedades crónicas y trastornos digestivos.
Para poner solución a una problemática como esta, los etólogos son claros y recomiendan a los dueños y tutores mantener rutinas predecibles en cuanto a horarios de alimentación y juego, además de propiciar un ambiente enriquecido con rascadores y zonas elevadas.
Y a su vez insisten en la importancia de que cada persona gestione su propia salud mental, porque el bienestar del cuidador es el primer paso para garantizar el equilibrio de la mascota a todos los niveles.
Los expertos recuerdan que forzar el contacto físico con nuestra mascota durante un ataque de ansiedad puede ser contraproducente y aumentar la tensión de ambos, por lo que hay que tener cuidado y, sobre todo, procurar mantener la calma y afrontar las situaciones de la mejor manera posible, sin perjudicar nunca al animal de la casa.
