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Las claves

En los días más calurosos, tanto el ventilador como el aire acondicionado pueden suponer inicialmente un alivio; sin embargo, en algunos casos, el aire acondicionado en especial puede llegar a convertirse en un perjuicio para la salud.

Sequedad de garganta, molestias oculares e incluso dolor de cabeza son solo algunos de los síntomas potencialmente atribuibles al uso de estos dispositivos.

Recientemente, el conocido anestesista y divulgador David Callejo ha explicado en uno de sus reels de Instagram hasta tres razones por las cuales algunas personas toleran peor los espacios climatizados: el aire frío y seco, los cambios de temperatura y la circulación de polvo, polen o incluso moho.

Si bien algunas de estas razones poseen más evidencia que otras, sus consejos poseen una base razonable.

Por qué te molesta

El primer problema que plantea Callejo es el aire frío y seco. Realmente, el problema no es tanto el frío como la combinación de baja humedad y corriente de aire.

Los sistemas de climatización extraen humedad del ambiente y, cuando el aire se vuelve demasiado seco, aumenta la evaporación de la película lagrimal y se resecan la nariz y la garganta.

De hecho, una revisión publicada en el International Journal of Hygiene and Environmental Health en 2024 concluyó que una humedad interior baja se asocia con mayor riesgo de sufrir síntomas agudos a nivel ocular y de garganta, además de reducir el aclaramiento mucociliar, uno de los mecanismos defensivos de la mucosa respiratoria.

En otras palabras, el aire acondicionado no causa infecciones de garganta, pero sí puede secar e irritar las mucosas, dando lugar a picor, carraspeo, tos seca y sensación de necesitar aclararse continuamente la garganta.

En algunos casos, esto puede facilitar infecciones, pero no provocarlas. Además, este efecto se intensifica si el chorro de aire da directamente en la cara, dado que el movimiento del aire aumenta la evaporación de la película lagrimal y favorece la sequedad ocular.

En este aspecto, otra revisión publicada durante el año 2023 detectó que la combinación de baja humedad y corriente de aire puede alterar la estabilidad de la lágrima y agravar los síntomas en algunas personas.

Por ello, el anestesista nos aconseja evitar "que el aire quede directamente en la cara o en la cabeza". Respecto al dolor de cabeza, la relación es más compleja.

Si bien es cierto que los cambios de temperatura pueden actuar como desencadenantes de migraña, no es posible afirmar que el dolor de cabeza se deba tan solo a la constricción y dilatación de los vasos sanguíneos.

En este aspecto, una revisión publicada el pasado año 2025 sobre temperatura ambiental y migraña concluyó que la temperatura puede desencadenar crisis en algunas personas, pero es difícil separar este efecto de la humedad, presión atmosférica y la contaminación.

El tercer problema que comenta Callejo es la calidad del aire. Los equipos de climatización pueden movilizar partículas ya presentes en la habitación, como polvo, polen, caspa animal o esporas de moho, siendo estos contaminantes biológicos habituales según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, y también son conocidos por provocar síntomas alérgicos y respiratorios.

Los filtros pueden ayudar a reducir estas partículas en suspensión, pero no eliminan totalmente los contaminantes, por lo que la limpieza regular de estos filtros sería clave si ya se tiene susceptibilidad a sufrir estos síntomas alérgicos durante el año.

Y, si existe moho, es necesario localizar y corregir la fuente de humedad que lo causa; en este caso cambiar el filtro no tendría beneficios. Finalmente, el divulgador nos aconseja mantener el termostato entre 24 y 26ºC, evitando saltos térmicos extremos.

De hecho, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía considera que una temperatura de 26ºC puede ser suficiente para mantener el confort doméstico en verano con ropa adecuada.

Por tanto, cabe recordar que el aire acondicionado no puede producirnos un resfriado por sí mismo, pero un ambiente excesivamente frío, seco o con corrientes directas sí puede irritar nuestras mucosas nasales y oculares, potenciar sintomatología alérgica y, en ciertos casos, aumentar el riesgo de crisis de migraña.

La clave no está en renunciar a este dispositivo, sino en usarlo con sentido común: temperatura adecuada, filtros limpios y el chorro de aire lejos de la cara.